Japón, hasta ahora discreto en la guerra comercial entre China y Estados Unidos (EU), podría ser el próximo objetivo de Donald Trump y ver convertida en realidad su mayor pesadilla: aranceles contra sus automóviles.
Esta cuestión será abordada durante el encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump, y el primer ministro japonés Shinzo Abe, mañana, al margen de la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
Trump suele criticar que Estados Unidos tiene un “déficit [comercial] muy grande” con el archipiélago y recientemente amenazó con hacerle “pagar”, según comentarios aparecidos en The Wall Street Journal.
Sin embargo, este déficit no es tan “grande”.
En 2017, era de $68,800 millones (sin incluir servicios), lo que sitúa al archipiélago en tercer puesto por detrás de China ($375,000 millones) y México ($71,000 millones); dentro de un saldo negativo total con el resto del mundo de $796,000 millones.
La mayoría de los desequilibrios se explican por las exportaciones del sector automovilístico (vehículos y piezas) a Estados Unidos, y la vista de esos “millones de automóviles japoneses” irrita a Trump, en tanto que se venden pocos coches “made in USA” en suelo japonés.
Sin embargo, Tokio no aplica aranceles a los vehículos importados, al contrario que Estados Unidos, con un derecho de aduana de al menos 2.5%.
Los expertos explican que los grandes automóviles estadounidenses no se adaptan al estilo de vida ni al gusto de los japoneses.
