El plan del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) para mejorar las condiciones de los trabajadores de su país no estaría exento de consecuencias para su gobierno, ya que Canadá y México están preparando su propia lista de demandas.
El TLCAN, con 22 años de vigencia, y otros acuerdos comerciales se convirtieron en un imán para muchos votantes irritados en los estados industriales de Estados Unidos, que llevaron a Trump hasta la Casa Blanca este mes.
Trump —quien dijo el lunes que comunicará su decisión de abandonar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) en su primer día en el cargo— indicó que dejará el TLCAN si no puede mejorarlo a su gusto.
Sin embargo, ha dicho poco sobre sus objetivos, más allá de detener la migración de fábricas y empleos hacia México.
Expertos comerciales, académicos y funcionarios gubernamentales afirman que Canadá y México buscarían también duras concesiones y que el arancel cero del TLCAN sería extremadamente difícil de alterar. Asimismo, es probable que cualquier renegociación dure varios años. “En una renegociación, una parte puede venir con peticiones, pero la otra parte va a esperar concesiones”, dijo Wendy Cutler, ex número dos del Representante de Comercio de Estados Unidos.
“Debemos saber qué vamos a pedir y qué podemos dar”. Trump, quien calificó al TLCAN durante la campaña como “el peor acuerdo comercial de la historia” y amenazó con imponer un arancel del 35% a los autos ensamblados en México y otros bienes, pasaría momentos complicados si eleva las tarifas sin abandonar el acuerdo, indicaron expertos. “No hay precedentes en negociaciones de libre comercio en que una parte suba las tarifas más que la otra”, dijo Chad Bown, del Peterson Institute of International Economics de Washington.
