Los pilotos de la compañía alemana Lufthansa iniciaron ayer su 15ª huelga en dos años y medio. Análisis del conflicto y consecuencias para el gigante europeo del sector aéreo.
Los 5 mil 400 pilotos del grupo Lufthansa, sometidos a ventajosos acuerdos colectivos, han sido convocados 15 veces a huelgas desde la primavera boreal de 2014, por el sindicato Vereinigung Cockpit.
Al principio de la movilización, Cockpit cuestionaba particularmente los proyectos de la dirección de revisar el costoso sistema de jubilaciones anticipadas, en un contexto de feroz competencia de parte de las compañías de bajo coste y del golfo.
Ahora le preocupan también al sindicato los planes de la dirección de contratar a pilotos menos bien pagados para la emergente Eurowings, la compañía de bajo coste del grupo Lufthansa. Pero las huelgas actuales tienen motivos exclusivamente salariales.
Cockpit denuncia la falta de aumentos salariales desde hace más de cinco años, pese a los beneficios de la empresa, y pide una revalorización promedio retroactiva de 3.66% anual en este período.
La dirección hace una oferta distinta: propone una prima equivalente a 1.8 meses de salario para compensar la falta de revalorizaciones desde 2012, y un aumento salarial de 4.4% en dos años. La propuesta ha sido rechazada por el sindicato.
El grupo, propietario de varias compañías, entre ellas Swiss y Austrian Airlines, alega que los pilotos de Lufthansa están entre los mejor pagados del sector.
Un copiloto, al inicio de su carrera, gana $6 mil 940 por mes, y un comandante de a bordo, al final de su carrera, más de $23 mil 320.
El grupo alemán ha padecido varias huelgas en los últimos años, y no solamente de pilotos. En noviembre de 2015 se produjo la huelga más larga de su historia, cuando las azafatas y los stewards, convocados por el sindicato UFO, dejaron de trabajar siete días seguidos, causando la anulación de más de 4 mil 600 vuelos.
Algunos de esos conflictos lograron solucionarse. Pero en el actual, con Cockpit, el enfrentamiento está lejos de llegar a su fin. “El daño es ya tan grande que cada vez es más difícil para las dos partes llegar a un compromiso sin parecer derrotados” opina Guido Hoymann, experto del sector aéreo del banco Metzler.
