Los costos de endeudamiento de Argentina se han desplomado desde que Mauricio Macri asumió como presidente en diciembre de 2015.
Estos últimos 12 meses, Macri desmanteló la mayoría de los controles cambiarios del país y, lo que es fundamental, puso fin a una disputa con bonistas, lo que permitió que Argentina accediera a los mercados globales de deuda tras más de una década a la intemperie.
Pero aunque el Gobierno se prepara para otra emisión de deuda en dólares, Macri sigue luchando con una economía estancada, una inflación testaruda —que comienza a desacelerarse tras alcanzar un pico de 47% en Buenos Aires— y un déficit presupuestario paralizante.
Argentina quiere vender 10 mil millones de dólares en deuda externa en 2017 tras emitir 19 mil millones de dólares el año pasado, cuando cerró un paréntesis de 15 años tras su histórico default de una deuda de 95 mil millones de dólares.
Los rendimientos de las notas argentinas con vencimiento en 2024 cayeron dos puntos porcentuales desde la asunción de Macri en diciembre de 2015.
Para aprovechar la fuerte demanda de los inversionistas, Argentina comenzó a emitir bonos con tasa fija en pesos por primera vez en nueve años en agosto. Además, el 5 de enero JPMorgan Chase & Co. afirmó que los bonos de gobiernos locales de Argentina cumplían los requisitos para entrar a su índice y podría agregarlos a fines de febrero.
El 5 de enero, el Gobierno eliminó una norma que exigía que las inversiones de cartera financiera permanecieran en el país por un mínimo de 120 días, parte de una iniciativa en marcha para deshacerse de los controles de capitales del país.
La medida podría hacer que en junio MSCI Inc. reclasifique las acciones argentinas entre los mercados emergentes. En una de sus primeras medidas como presidente, Macri levantó un tipo de cambio casi fijo para el peso y le permitió cotizar libremente.
La moneda se debilitó 38% desde entonces, pero se mantiene más fuerte de lo que la mayoría de los analistas había pronosticado. Macri dijo que Argentina está a punto de salir de una recesión que lleva años y debería crecer por encima de la proyección de 2.7% hecha por el Fondo Monetario Internacional en 2017.
Sin embargo, el año pasado, el Gobierno tuvo que revisar a la baja sus proyecciones de recuperación conforme las reformas implementadas por Macri enfriaron la demanda.
El banco central logró desacelerar la inflación elevando una tasa de interés fundamental el año pasado, pero la inflación subyacente se mantuvo sin cambios estos últimos meses. El Gobierno pronostica un déficit de 4.2% en 2017 en tanto el gasto sigue siendo elevado para sacar a la economía de su bajón.
