Entre las actividades de la economía que utilizan derivados de combustibles fósiles, el parque vehicular del país es el que más consume con un 65% del total de las importaciones, informó el subsecretario de Energía, Isaac Castillo.
Esta premisa plantea que el siguiente reto para reducir la contaminación por combustibles es la migración a la movilidad por medios que utilicen fuentes que no contaminan, como la energía eléctrica; o menos contaminantes, como el uso de gas natural licuado.
Actualmente, la República de Panamá importa unos 21 millones de barriles de petróleo por año en productos ya terminados como gasolina, diésel, bunker y gas.
El parque vehicular está compuesto por más de un millón de automóviles distribuidos a nivel nacional y entre los que se incluyen los automóviles particulares, transporte de carga y transporte público de pasajeros.
Acuerdo de París
En el 35% restante de consumo de los combustibles fósiles hay un 15% de uso industrial, 10% de generación eléctrica y 10% correspondiente a gas de cocina.
“La generación de electricidad no es el principal emisor de gases de efecto invernadero en Panamá ni de otros contaminantes que provienen del sistema energético”, sostiene Castillo.
Aunque en 2017, un 65% de la generación de electricidad en Panamá provino de fuentes renovables de energía (básicamente hidroeléctricas y energía eólica), el resto de las fuentes fue de origen fósiles, principalmente bunker.
De acuerdo con su análisis, en esa misma proporción de 65% se estiman las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes del transporte como consumo energético.
Habría que agregar que los vehículos también son los mayores emisores de partículas y otros contaminantes, además de producir otros efectos nocivos para la salud como el ruido. “Si queremos hacer algo para reducir la emisión de estos contaminantes y mejorar la calidad de vida urbana, la prioridad recae en el transporte”, dice.
Con la entrada del gas natural en la matriz energética en agosto pasado se podrá sustituir el carbón y el bunker por una fuente más limpia, en espera de que los precios de las energías renovables, como la solar, puedan ser suficientemente competitivos para que su uso se haga masivo.
Con esta nueva fuente de energía se disminuirá la contaminación, por lo menos en la generación eléctrica, pero algunos ambientalistas señalan que aún está pendiente ir en línea con los compromisos del acuerdo de cambio climático que están dirigidos a un mayor consumo de energías que provienen de fuentes limpias como el sol y el viento.
Panamá cuenta con el parque eólico más grande de América Central, que tiene 270 megavatios de capacidad instalada, aunque según los estudios el potencial existente es más de cuatro veces esta cantidad. Este parque, ubicado en Penonomé, provincia de Coclé, aporta aproximadamente el 5% de la generación total, mientras que la energía solar aporta menos del 1%. Los analistas coinciden en que pese al gran aporte de las hidroeléctricas, debería ser mayor el porcentaje de explotación del viento y el sol para la generación de energía eléctrica para el país.
