Tras el primer mes de operaciones de la Unidad Alimentaria Merca Panamá, el desperdicio y pérdida de alimentos se redujo en 11 toneladas métricas diarias.
En las antiguas instalaciones del Mercado Agrícola Central de Panamá (Mercado de Abastos), durante la temporada seca, se botaban diariamente 25 toneladas métricas de producción agrícola, clasificada como basura. Durante la época lluviosa, la cifra ascendía a 40 toneladas por día. En el nuevo mercado se logró reducir la pérdida a 14 toneladas métricas diarias.
El nuevo recinto agrícola de la ciudad de Panamá, ubicado en la vía de acceso al puente Centenario, cuenta con cuatro galeras acondicionadas con cuartos fríos, ventiladores y mayor espacio para la comercialización de los productos agrícolas.
Aunque las infraestructuras están limpias, espaciosas y dotadas de cuartos fríos, aún persiste el desperdicio de alimentos.
Las cajas de madera que transportan verduras, hortalizas y frutas; una baja en las ventas o una sobreoferta en algunos productos de temporada provocan pérdidas diarias en el nuevo mercado de la ciudad de Panamá, uno de los componentes de la Cadena de Frío.

Para paliar este problema, realidad de todos los mercados, la empresa estatal Mercados Nacionales de la Cadena de Frío firmará un convenio con el Banco de Alimentos Panamá (BAP) para aprovechar aquellos frutos que no son aptos para la comercialización, porque no cumplen con los estándares requeridos por los consumidores.
“Estamos trabajando en el borrador del convenio con el Banco de Alimentos Panamá y esperamos que la próxima semana esté listo el documento para firmarlo”, manifestó Roque Maldonado, gerente de Mercados Nacionales de la Cadena de Frío.
A un costado de la galera Dolega se colocará un contenedor para recolectar los productos que aún tienen un valor nutricional, pero que, por su apariencia, no se pueden comercializar, informó el funcionario.
El Banco de Alimentos Panamá recibe en donación alimentos que ya no pueden ser comercializados, pero que son aptos para el consumo humano. Todas las donaciones que se reciben tienen como prioridad llegar a la mesa de los panameños que no tienen qué comer, aseguran los voceros de esta oenegé.
Los alimentos son donados a 280 agrupaciones, entre asilos, comedores, hogares, orfanatos e iglesias que se convierten en el vehículo para lograr que los alimentos lleguen a quienes más lo necesitan.
Entre los beneficiarios están 2 mil 400 niños que viven en comunidades de pobreza extrema en el país y que durante la temporada escolar reciben desayuno diariamente.
Desde sus inicios, hace cuatro años, en la Parroquia San Lucas, en Costa del Este, el BAP se fundamenta en tres pilares: donantes, voluntarios y organizaciones beneficiarias.
La meta con esta alianza es que, a través del BAP, se logre rescatar las toneladas de frutas y vegetales que se pierden a diario en Merca Panamá. Se quiere replicar lo que hacen otros bancos de alimentos de Colombia y República Dominicana, por mencionar algunos ejemplos.

Panamá logró reducir dos tercios la proporción de personas que padecen hambre entre 2010 y 2015. Antes era un 27.6% y actualmente es de un 9.5% de la población, según estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Yoris Morales, presidente de la Asociación de Productores y Comercializadores Agrícolas del Mercado de Abastos, considera que las nuevas infraestructuras del mercado de Panamá se prestan para desarrollar un tipo de proyecto como el que propone el Banco de Alimentos Panamá.
“Esta es una iniciativa que bien coordinada con los comerciantes y productores se puede sacar adelante en beneficio de los más necesitados”, dijo Morales.
A diferencia de las viejas estructuras en Curundú, en Merca Panamá se percibe una reducción en las pérdidas y desperdicios de productos agrícolas.
Por el momento, todo está ordenado y cada comerciante debe colocar los desechos en bolsas plásticas en unas canastas con capacidad para 30 yardas cúbicas, ubicadas al final de cada galera, detalló el arrendatario de Merca Panamá.

Tendencia mundial
Se calcula que América Latina pierde o desperdicia hasta 127 millones de toneladas de alimentos al año.
Botar comida, cuando 800 millones de personas sufren hambre en el mundo, 39 millones de ellas en América Latina, generó la necesidad, a nivel internacional, de impulsar legislaciones orientadas a la reducción del desperdicio de alimentos.
En Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, México, Perú y Uruguay se trabaja en el desarrollo de investigación y tecnologías para el aprovechamiento de alimentos; la facilitación de la recuperación y donación de alimentos; y la promoción de hábitos de consumo responsable, según el boletín Pérdidas y Desperdicios de Alimentos en América Latina y el Caribe de la FAO.
El caso más icónico se reporta en Francia, donde una ley establece sanciones a los supermercados de superficies mayores a los 400 metros cuadrados que descarten o destruyan alimentos aptos para el consumo humano no comercializados, destaca el boletín.
“Todo desperdicio, por muy bajo que sea, es importante. Recuperar alimentos que aún están en buen estado va mucho mas allá de una donación, es un tema de conciencia”, manifestó José Saavedra, presidente de la Unidad Alimentaria de Montevideo, Uruguay.

En el mercado de Montevideo, todo los días se recogen entre 500 kilogramos y 700 kilogramos de frutas y hortalizas que por su apariencia no se pueden comercializar, pero son aptas para el consumo humano.
La fruta de temporada es la que más se desperdicia. El uso de cajas de madera en el transporte incide en el tiempo de vida útil de las frutas y hortalizas, haciendo que esta sea más corta. Por eso se prefiere donar a la oenegé, explica Saavedra.
Estos productos son donados a una oenegé que se encuentra instalada en el mercado. Ellos se encargan de la selección, recuperación y distribución de las frutas y hortalizas recolectadas en el abasto. Estos alimentos son donados a escuelas, asilos, comedores públicos o merenderos, comentó Saavedra.
Algunos son vendidos a un precio inferior al 10% de su valor comercial para sacar los costos operativos de la distribución.
El modelo que desarrolla desde hace cinco años la Unidad Alimentaria de Montevideo, Uruguay, es justo lo que se pretende replicar en Merca Panamá con el BAP.
Mercado agrícola de Panamá cambia de imagen
La Unidad Alimentaria Merca Panamá, construida a un costo de $133.3 millones, tiene disponibilidad para 515 puestos de venta, 446 de ellos distribuidos en cuatro galeras. Los recintos están divididos en espacios que van desde los 6 metros cuadrados hasta 112 metros cuadrados, y tienen acceso a cuartos fríos, agua potable, ventilación y energía eléctrica. Los cuatro edificios tienen nombres similares a los centros poscosecha de la Cadena de Frío que operan en Dolega, Cerro Punta y Volcán, Chiriquí, y El Ejido, en Los Santos.
En Dolega, los consumidores podrán encontrar vegetales, granos y frutas para la venta al por mayor y detal. En El Ejido, con espacios de 100 metros cuadrados, están los tomates. La galera Cerro Punta alberga a los agroindustriales y a los mayoristas que comercializan productos de tierras altas, Chiriquí. La galera Volcán se destinó para la venta al detal de producción de temporada, frutas, tubérculos y legumbres.
En la parte de atrás del mercado se encuentran ubicados los vendedores de plátano y naranja. “Ahora sí contamos con las instalaciones adecuadas para atender a los clientes”, manifestó Raúl Martínez, vicepresidente de la Asociación de Distribuidores del Mercado de Abastos (Adipa).

