Anualmente, el Estado invierte millones de dólares en programas de formación profesional y capacitación laboral. ¿Está dando resultado? ¿Se están generando las competencias que el sector productivo requiere?
Se calcula que el gasto general en capacitación laboral en el país es el 0.17% del producto interno bruto, una cifra que supera tanto al de la región (0.12%) como al de los países miembros de la OCDE (0.15%).
Entre 2015 y lo que va de 2017, el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh) invirtió 42 millones 229 mil dólares en su proyecto bandera: capacitación y formación, orientado a la enseñanza en el área técnica.
En este mismo período, el Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral (Mitradel), mediante el programa Panamá Pro Joven, ha promovido el empleo juvenil, reforzando la capacitación en habilidades blandas: responsabilidad, disciplina y trabajo en equipo. El gasto en este programa es de 350 mil dólares al año.
Además, Mitradel cubre el pago del salario mínimo mensual de los pasantes que entran a trabajar en las empresas con las que mantiene el convenio laboral.
Paralelamente, se puso en marcha la alineación del Instituto Técnico Superior Especializado de Panamá (ITSE), con una inversión de 200 millones de dólares, cuyos resultados están por verse.
Pero el protagonismo juvenil en la expansión del empleo sigue en caída. En su último reporte, la Contraloría General de la República revela que de los 102 mil 944 desempleados que hay en el país, unos 61 mil 671 son jóvenes con edades entre 15 y 29 años, un 60% del total de los desocupados.
A la par del desempleo hay otra problemática que enfrenta Panamá. Hay 218 mil 532 jóvenes que ni trabajan ni estudian (abarca desocupados y desertores escolares).
Expertos en la materia sostienen que justamente el punto de inflexión en la inserción al mercado laboral se genera en la transición de los jóvenes desde las escuelas a un empleo formal.
Luis Ernesto Carles, ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral, explica que con estos programas de formación profesional y capacitación laboral, se busca que los jóvenes, que salgan del duodécimo grado y no tienen la oportunidad de acceder a la universidad, entren a trabajar.
“Ganamos más como país, teniendo a esos jóvenes trabajando que, por el contrario, estén en las calles y sin empleo, por eso la necesidad de la inversión social, pública y laboral que estamos haciendo”, dijo.
René Quevedo, especialista en inserción laboral, explica que el hecho de que la mitad de los jóvenes que comienzan estudios secundarios no los culmina y el 95% de los graduandos humildes busque trabajo, convierte a la capacitación del personal en una plataforma para elevar la productividad e inclusión social, en un país en que el sistema educativo está divorciado de su realidad laboral.
Sin embargo, es evidente la deserción que existe en estos programas. Los registros del Inadeh hablan de 28 mil 500 desertores. (Ver tabla).
Entre 2012 y 2015, cerca de 352 mil jóvenes culminaron algún tipo de programa formativo y buscaron un trabajo, pero la economía solo generó 12 mil 924 empleos estables para los jóvenes.
Blacina Castro es un reflejo de la espinosa realidad que envuelve al mercado laboral. Actualmente, tiene 25 años, no trabaja, no estudia y es ama de casa.
Recientemente, acudió a una feria de empleo en busca de una oportunidad laboral. Tiene más de dos años sin trabajar, pero tampoco ha hecho ningún curso de capacitación en áreas técnicas. “Si hacer un curso me permitirá conseguir un trabajo, entonces lo haré”, dijo.

Para Alberto Alessi, director regional de Manpower para Centroamérica y el Caribe, el proceso de capacitación no es solamente una responsabilidad de los sectores públicos y privados. “El compromiso tiene que partir del mismo individuo”, señala.
El especialista también advierte la necesidad de invertir en quienes enseñan desde las aulas. “La calidad educativa va a redundar en la competitividad y productividad del país, lo que a su vez generará mejor situación del mercado laboral, más fuentes de empleo y bienestar para la población”.
Mientras tanto, los gremios empresariales piden fortalecer los institutos existentes antes de crear otros iguales.
Aida Michelle de Maduro, presidenta del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), explica que una de las recomendaciones para el buen funcionamiento de entidades como el Inadeh es desvincular las decisiones y operaciones de la parte política.
“Se ha invertido mucho dinero en el Inadeh, pero no llega a su destino final, que es la capacitación de técnicos. Si esto se cumpliera, estoy segura de que tendríamos resultados diferentes”.
Advierte de que es “incongruente” crear otro proyecto, como el Instituto Técnico Superior Especializado de Panamá (ITSE), paralelo a la institución que ya existe.
“El tema no se trata de cambiar el nombre ni seguir creando instituciones que hacen el mismo producto, la idea es trabajar de una manera organizada y enfocar todo el esfuerzo en un solo camino para que el resultado sea eficiente”.
Otras barreras en el proceso de la empleabilidad de los jóvenes es la falta de orientación vocacional y la poca información sobre cuáles son las ofertas de trabajo disponibles.
El problema radica principalmente en la desconexión que hay entre el sistema educativo y los requerimientos de personal de las empresas.
“De nada sirve tener planes nuevos e invertir tanto dinero, si las personas no son capacitadas correctamente”, explica Ricardo Rivera, un panameño que espera ver más oportunidades de empleo.
Asegura que, por lo general, quienes toman los cursos que ofrece el Estado se encuentran con una realidad desconocida cuando buscan empleo, debido a que tanto los capacitadores como el material que usan están desconectados de las tendencias del mercado laboral.
Justamente, 19 de 34 manuales con los que se imparten las actividades formativas en el Inadeh están obsoletos. Recientemente, el director de la institución, Samuel Rivera, dijo que próximamente todas las actividades que se adjudican en el centro tendrán manuales renovados.
CAPACITACIÓN EN LAS EMPRESAS
Según un reporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), llevado a cabo en la región en 2014, las empresas panameñas son las que menos capacitan a su personal. También advierte que las pocas compañías que capacitan se enfocan en trabajadores con mayor nivel de calificación.
A pesar de que no hay un estudio de los últimos tres años, el director regional de Manpower explica que esta tendencia ha variado levemente. Asegura que las compañías están ofreciendo capacitar a su personal como una propuesta dentro del paquete de compensaciones.
Crear una cultura de capacitación continua y eficiente permitirá mejorar las habilidades del talento local y la competitividad del país en el ámbito mundial. Los programas que ofrece el Estado siguen a prueba.
