"Nos enamoramos de ella. Se nos quedaba mirando, moviendo su colita", dice Montse, la madre de Nicole y Daniela. El "flechazo" le costó a esta madre de familia la suma de 700 dólares -cantidad muy superior a lo que pensaba gastarse ese día en comida para hamster-.
"Este es un negocio tan loco, porque te enamoras de lo que vas a comprar", cuenta Juan Francisco Quezada, gerente de Operaciones de la tienda Pet Connection. "Los niños son los que más vienen. Vienen a curiosear y sacan al perro para jugar". Al final, no es raro que alguno se lleve el animalito a casa. Quezada cuenta que en Pet Connection se venden mensualmente de 30 a 40 perritos, con y sin "papeles".
Los perros son el mayor atractivo -mas no la pieza más cara- de muchas tiendas para mascotas. De hecho, la tarde del jueves Pet Connection estaba desierta. No habían clientes ni niños. Probablemente la razón fue que todos los perritos estaban en cuarentena y acicálandose para ir al stand de Pet Connection en Divernalia, la feria infantil que culmina el próximo siete de noviembre.
Los gatos, en cambio, no gozan de tanta demanda. Aunque esta semana se vendió un ejemplar de la raza himalaya en 425 dólares, Quezada cuenta que esto no ocurre con mucha frecuencia -"si acaso uno cada mes o dos". Lo que sí pasa -y mucho- es que las personas traen a los gatitos que se encuentran desamparados en la calle. Quezada los baña, los pone en cuarentena y los regala a los visitantes que quieran adoptarlos. Al mes regala de 10 a 20 gatitos.
El mejor amigo
Pet Connection vende perros desde 350 dólares en adelante. "Pueden llegar a tres mil [dólares], dependiendo de su pedigree", que es, a fin de cuentas, lo que determina el precio del animal. En esta tienda se vendió un mástil inglés y un gran danés, en tres mil dólares cada uno. Quesada también recuerda con especial interés la vez que se vendió un cachorro de la raza Chinese Crested, "que es como un caballito, parece un pony y no tiene pelo, solo en la cresta y en la cola". Este raro ejemplar se importó de Perú y fue vendido en mil 500 dólares. Y aunque la tienda trata de satisfacer todos los requerimientos, Quesada reconoce que hay encargos que son virtualmente imposibles de atender. "A veces te piden perros tan raros, que tendría que ir yo a buscarlos, por ejemplo, el perro de los faraones egipcios", recuerda.
Lo más importante al vender un perro con pedigree, es que éste venga respaldado con papeles. Si no hay papeles, el precio disminuye notablemente, aunque el animalito "se vea de calidad".
Por ejemplo, el día que Sonia y sus hijas compraron a Pepper Ann en Melo, las niñas también estaban encariñadas con un Cocker Spaniel que costaba la mitad. Al final, la madre precavida optó por una mascota certificada. No obstante, la prudencia no es precisamente la norma.
"La gente comete el error de que les gusta un perro y lo compran. Compran más por impulso, porque les gusta cómo se ve", opinó la médico veterinaria Sandra Ríos. Agregó que si no hay papeles de por medio, el propietario de ninguna manera puede asegurar que su mascota sea "de raza".
Pero, ¿cómo un perro consigue papeles que acrediten su linaje?
¿Gatosky por liebresky?
En Panamá, se supone que todos los perros de pedigree están registrados ante el Club Canino. Para ello, el propietario debe presentar un "certificado de transferencia de cachorro" o un "pedigree original" expedido por el club de cualquiera de los países miembros o afiliados a la Federación Cinológica Internacional, con sede en Bélgica, que es la máxima autoridad canina a nivel mundial y a la que pertenece Panamá desde hace más de 30 años.
Julio Ronco, director de Exposiciones del Club Canino, piensa que las tiendas de animales no son los lugares más idóneos para adquirir un perro de pedigree.
"En las tiendas de mascotas, como la palabra lo indica, uno busca mascotas. Si tú quieres perros para criar o para llevarlo a exposiciones, debes buscar un criador experimentado y responsable", opinó Ronco.
En Panamá existen apenas tres o cuatro personas que se dedican permanentemente a la cría de perros puros. Raquel Fuster es una de ellas. Como médico veterinario sabe, además, que para lograr buenas camadas "hay que estudiar y saber manejar la genética".
Raquel no cría perros con el único propósito de venderlos más adelante, "sino de mejorar la raza". Reconoce que ha vendido cachorros Yorkshire Terrier en mil dólares, pero también -en el otro lado de la moneda- ha pagado hasta 4 mil dólares en Estados Unidos, por un Pug que, a la postre, fue "campeón americano".
La dedicación de Raquel a sus perros le valió el reconocimiento del Club Canino, que un año la nombró "mejor criador". Nada mal para alguien que se involucró en estos avatares cuando tenía 19 años de edad, apenas entendía la diferencia entre un animal de calidad y uno puro, e iba a las exhibiciones con su perrita Maily, una descendiente de la raza Shih Tzu "sin papeles ni nada", que le costó 300 dólares.
"Ahí [en las exhibiciones] me di cuenta que la mía era super fea", recuerda, refiriéndose a Maily. Al poco tiempo, compró otra Shih Tzu, pero esta vez pura, que le costó 800 dólares. "Esa fue la base con la que inicié". Desde entonces, Raquel ha traído al mundo tantas camadas de tantas razas -generalmente de tamaño pequeño-, que casi ha perdido la cuenta, aunque tiene un referente: en el Club Canino, los criadores registran a sus camadas, siguiendo el orden del abecedario. "Ya yo recorrí de la A a la Z, empecé de nuevo y ahora voy por la R", dijo.
Vea Cuando la mascota no tiene ‘papeles’

