La recuperación de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se anuncia “débil” no solo este año sino también en los dos próximos, con un aumento de los riesgos a la baja, sobre todo por una posible mayor ralentización de las economías emergentes y porque la crisis ha dejado heridas profundas y duraderas.
Este es el diagnóstico hecho por la OCDE, que en su informe semestral de Perspectivas revisó a la baja sus previsiones de crecimiento para la economía mundial, para dejarlas en un 2.7% este año y en un 3.6% el próximo, antes de subir al 3.9% en 2015. Las cifras no cambiaron con respecto a las del mes de mayo para la OCDE en su conjunto, cuyo producto interno bruto (PIB) debería subir mucho menos, un 1.2% en 2013, un 2.3% en 2014 y un 2.7% en 2015.
Dentro del conocido como el “Club de los países desarrollados”, las diferencias son notables, con un mayor dinamismo de Estados Unidos, cuyo PIB subirá un 1.7% este ejercicio y un 2.9% y un 3.4% en los dos siguientes.
La zona euro vive una situación distinta, con una evolución negativa este año del 0.4% (lo que, no obstante, constituye una corrección para mejor respecto a las Perspectivas de mayo) y una recuperación del 1% en 2014 y del 1.6% en 2015.
Alemania será el motor de la eurozona durante todo ese período, mientras que España e Italia estarán entre los países que van a mantener tasas negativas en 2013 (-1.3% y -1.9% respectivamente) y empezarán a recuperarse lentamente en 2014 (0.5% y 0.6%), para acelerar algo el ritmo en 2015 (1% y 1.4%).
El economista jefe de la OCDE, Pier Carlo Padoan, hizo hincapié en que en la moneda única, si no se solucionan los problemas del sistema financiero, las otras reformas no van a funcionar. Por eso, Padoan insistió en que las pruebas de estrés a la banca previstas para el año próximo “deben ser creíbles y transparentes”, y a continuación habrá que proceder a una recapitalización de las entidades que se considere que lo necesitan.
