PLANO URBANO

PLANO URBANO: El atraso del Metro de Panamá

OPINIÓN

El domingo pasado el periodista Roberto González Jiménez escribió una brillante crónica sobre el Metro de Medellín que llamó “El Metro, proyecto de Estado”. Aprovechó la presencia en Panamá de su gerente. Me permito copiar su primer bloque.

“Al Metro de Medellín no sólo se le reconoce como sistema de transporte masivo. Además se le atribuye haber generado un cambio social en la ciudad colombiana, especialmente en las áreas más desfavorecidas. Bastan unos minutos de conversación con su gerente, Ramiro Márquez Ramírez, parta entender que su modelo de gestión gira en torno a la educación de los ciudadanos.”

Ignoro cuál es la preparación académica del gerente, pero él habla como sociólogo o sicólogo, el mismo idioma que en Medellín nos hablaban los arquitectos que en los cerros, negociando con los residentes, reemplazaron cientos de endebles viviendas colgadas de árboles o aferradas a la montaña, por hermosos edificios de ladrillo de doce niveles, y preciosos panoramas sobre valle y río.

Dos meses después de inaugurado el presente gobierno panameño, acompañé allí a un grupo de 22 personas, la mitad nuevos funcionarios, a conocer el proceso de transformación de los cerros, donde los pobres habían levantaron casas con materiales de desecho, en forma desordenada.

Allá llegamos en el impecable Metro, para subirnos en las góndolas del teleférico hacia los cerros y conocer las nuevas obras de las cuales salían orgullosas señoras a mostrar fotos de su azaroso pasado en peligrosas casuchas de la empinada montaña.

Como buen conocedor del dramático cambio de Medellín, tras la desaparición de Pablo Escobar, con la sucesión de unos cuatro alcaldes de primera clase, como Sergio Fajardo, hoy de fama mundial, se me había solicitado hacer los arreglos con autoridades nacionales y locales para atender a la delegación panameña y darles a conocer las fórmulas empleadas y luego, sobre el terreno, las obras materiales.

Los trabajos demoraron tres años antes de mover la primera tierra. Primero lograr que la gente aceptara conversar, convencerlos de obras para ellos, con ellos y dentro de ellos. Como las montañas estaban copadas, discutir sobre espacios para las obras, o sea, tumbar casas. Exigieron no se sacara a nadie, y aceptaron no incluir a nadie más. Surgió el necesario censo y el garante de su ejecución: el cura párroco.

Para abrir espacios residentes aceptaron familias en sus casas, para iniciar los diseños de proyectos iniciales, los prioritarios: una escuela, la más hermosa de la ciudad, tras un concurso nacional de arquitectura; luego una cancha de fútbol, con grama sintética, luego parques, revestimiento de cauces de quebradas, áreas de juego, escaleras, bibliotecas con computadoras para niños desde cuatro años, recolección de basura y teleférico, como agregado gratuito del uso del Metro.

Hoy día es sitio turístico lleno de movimiento donde todos quieren mostrar lo logrado. Todos pagan cumplidamente los servicios públicos e impuestos por los comercios surgidos. Hoy tienen la escalera eléctrica más larga del mundo y el teleférico ya brinda servicio a la población que queda detrás de las montañas iniciales.

Volviendo al medio panameño, he venido conversando con arquitectos del Metro y allegados al ingeniero Roberto Roy sobre la urgencia de venderles el concepto a los futuros usuarios, de que el Metro no pertenecerá al Gobierno, tampoco a la alcaldía, mucho menos a los ricos, sólo a los pobres, ellos, los usuarios. Por tanto, hay que conservarlo tan limpio como la sala de su casa, no habrá que poner los zapatos sobre las bancas, dejar papeles en el suelo, pegar chicle bajo los asientos, rayar anuncios, manchar vidrios.

Sigue señalando cosas importantes el gerente: “en Medellín tenemos una gerencia social y de servicio al cliente compuestos por pedagogos y trabajadores sociales. El pasaje cuesta lo equivalente a 80 centavos y no recibimos subsidio. A los viajeros les añadimos cultura: tenemos teatro a ciertas horas, libros, música (la que debería ser clásica, Panamá es uno de los tres países de América que no mantiene ninguna emisora que la divulgue). El mantenimiento es vital, si alguien ensucia hay que recoger enseguida, mantener todo impecable. También nos preocupamos por los de afuera, como caminar a las estaciones, dónde depositar la basura antes de la estación y también en ella, como se atiende allí, como ayudar a los ancianos, las mujeres embarazadas y las que cargan niños. Es un trabajo de todos los días y horas”.

El transporte sin interrupciones es vital para el empleado, para que llegue de buen humor, sin sentirse amargado por pérdidas de tiempo. Si no insistimos en el mantenimiento interno y externo habremos fracasado. El aspecto social es tan importante como la labor de la ingeniería, no lo podemos desestimar.

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