Rodrigo Mejía-Andrión
OPINIÓN
Claro en mi memoria está el 13 de septiembre de 1985. Esa tarde, Hugo Spadafora no cumplió su cita en Tocumen para recibir a Ariadne, su esposa. Él había viajado por tierra desde San José y ella en avión. Ella llegó a la casa de mi hermana, donde se hospedarían, para informar la preocupante situación. Por casualidad Carmelo Spadafora, el papá de Hugo y cuñado mío, estaba en Panamá con su esposa y junto con Ariadne nos reunimos todos para analizar lo que hubiera podido pasar. Carmelo logra contactar a otro hijo, quien debía cuidar el paso de Hugo por la frontera y este le confirma que efectivamente Hugo desayunó en la frontera y tomó un bus hacia Panamá.
Conscientes de la animadversión de Noriega con Hugo decidimos ir a La Prensa a exponer el caso. Allí contactamos a Guillermo Sánchez Borbón y al día siguiente en la primera página estaba la noticia de la desaparición de Hugo en su viaje de la frontera tica a Panamá. Un día más tarde, la comandancia en el mismo periódico informó que ellos no estaban involucrados en la desaparición.
La muerte de Hugo marcó el inicio del fin del tirano Manuel Antonio Noriega. Bien se ha dicho que hay personas asesinadas por dictadores que con su muerte han acabado el poder acumulado. Hugo fue un triunfador hasta con su muerte. Hubo un Panamá antes de Hugo y otro después de Hugo, cuando se emprendió de frente la recuperación de la democracia.
Hugo Spadafora fue un hombre fuera de serie. De sus estudios primarios en Chitré pasó al Instituto Nacional donde se gradúa con notas sobresalientes que le valieron una beca para su universidad. Viaja a Italia a estudiar medicina en Milán donde conoce muy de cerca los grupos revolucionarios y queda fichado como comunista sin serlo. Se gradúa en noviembre de 1964 y regresa a Panamá. Trabaja en el Hospital Santo Tomás pero su espíritu rebelde lo lleva a Egipto en 1965, buscando unirse a quienes luchan contra las tiranías que dominan el continente africano.
En Egipto conoce al líder Amílcar Cabral, jefe del grupo que lucha contra el tirano de la Guinea portuguesa, hoy Guinea Bissau. Se incorpora a la rebelión como primer médico guerrillero hasta lograr la victoria y entrar triunfantes a la capital dos años mas tarde. Rechaza del nuevo gobierno ofrecimientos de puestos médicos elevados. Bautizan una avenida con su nombre.
Regresa al país en 1967.
En 1968, cuando los militares toman al poder, apoya como médico a quienes luchan contra los golpistas, consigue medicinas, esconde y atiende a algunos.
Es descubierto en julio de 1969 y apresado. Torrijos se interesa en ese médico revoltoso y lo nombra en Darién como Director Médico. Después pasa a Panamá como Director de Riesgos Profesionales del Seguro Social donde propone integrar los servicios médicos e instalaciones del Ministerio de Salud y Caja de Seguro Social. En 1973 lo nombran Director del Sistema Integrado de Salud y Director del Hospital Amador Guerrero de Colón.
En 1976 lo nombran Viceministro de Salud. En 1978 renuncia a su cargo porque lo atrae la rebelión contra Somoza, el dictador de Nicaragua y anuncia que irá a pelear junto a los rebeldes. Se le une un buen grupo de panameños y forman la Brigada Victoriano Lorenzo para luchar en el Frente Sur. La brigada al entrar triunfante a Managua y celebrar la victoria decide regresan a Panamá donde es recibida como héroe. Ya en Panamá Hugo decide luchar contra Noriega, lo denuncia ante Torrijos y luego lo ratifica delante de Noriega, pero Omar muere pronto.
El cadáver decapitado de Hugo es encontrado del lado de Costa Rica tirado debajo de un puente. Este macabro suceso sirvió para iniciar las marchas más grandiosas que se hubieran dado en nuestro país y la formación de la Cruzada Civilista donde se agruparon todos los entes cívicos para luchar por el retorno de la democracia en Panamá.
Hugo Spadafora debería ser más reconocido internacionalmente por sus luchas y aciertos que el Che Guevara. Les recomiendo su biografía Hugo Spadafora, bajo la piel del hombre.
El 20 de octubre de 1994 el Tribunal Superior condenó a Manuel Antonio Noriega y los dos militares inferiores que estrangularon y decapitaron a Hugo Spadafora, a 20 años de cárcel. Noriega jamás ha querido confesar dónde quedó la cabeza de Hugo. Tampoco ha pedido perdón a la familia. Bien merecida tiene su condena.
