La advertencia lanzada por el gobierno del presidente Donald Trump, para que los estadounidenses se abstengan de viajar a Cuba, les cayó como un cubo de agua fría a los emprendedores del pujante sector turístico de la isla, que ven sus posibilidades de desarrollo amenazadas.
La medida de Trump va en la dirección contraria a las intenciones proclamadas en junio por el mandatario estadounidense de favorecer al naciente sector privado de la isla, como una forma de castigar al Gobierno cubano.
“Pensando que iba a haber una explosión del turismo americano nos pusimos en función de abrir negocios, bares, restaurantes, casas de renta y muchas personas invertimos todo lo que teníamos, pedimos prestado”, dijo en tono de alarma Yunaika Estanque, de 51 años y dueña de un hostal de tres cuartos en La Habana Vieja.
El temor de los emprendedores cubanos se suma a otras tensiones económicas, como las pérdidas ocasionadas por el paso del huracán Irma, que devastó el sistema energético y la agricultura, o la crisis de Venezuela, principal proveedor de petróleo de la isla.
