Los brillantes logos de petroleras como la británica BP, la anglo-holandesa Shell o la estadounidense Exxon-Mobil ya surgen en calles y carreteras de México operando flamantes gasolineras que buscan seducir a millones de automovilistas, en un mercado aún incipiente pero que promete enormes ganancias. Con el precio de la gasolina liberado desde diciembre en todo el país, cayó el último control oficial y arrancó la libre competencia tras siete décadas de monopolio estatal.
“México va a importar más gasolina en las siguientes dos décadas que el resto de Latinoamérica junta, entonces el tamaño de la oportunidad que tienen es bastante alto”, estima Ixchel Castro, experta del mercado gasolinero de Wood Mackenzie.
La primacía de México incluso sobre Brasil responde a que el país sudamericano complementa su consumo de gasolina con biocombustibles. Castro calcula la demanda gasolinera mexicana en 2018 en 790 mil barriles diarios, de los cuales 525 mil serán importados.
Es el alba de un mercado llamado a ser el más grande y codiciado de Latinoamérica por gigantes del sector. La apertura, propiciada por una reforma energética en 2013, busca revertir años de menguante producción petrolera local mediante millonarias inversiones privadas que también alcancen al deficitario mercado gasolinero mexicano.
Con 11 mil 774 gasolineras para 43 millones de vehículos en circulación, México está lejos de Brasil, que proporcionalmente tiene el doble de estaciones de servicio, o de Estados Unidos, con el cuádruple.
