La agenda económica del primer ministro japonés, Shinzo Abe, comenzó a perfilarse tras su contundente victoria electoral, poniendo el foco en convencer a las empresas para que suban los salarios y mantener la recuperación con políticas fiscales y monetarias.
Ayer se empezaron a conocer detalles de los planes de las autoridades para presionar a las compañías para que usen sus grandes reservas de efectivo para mejorar los salarios, así como iniciativas para cambiar los objetivos de prudencia fiscal, una señal de que Abe seguirá priorizando el crecimiento sobre la austeridad.
Aunque el gobierno no tiene planes inmediatos para embarcarse en grandes gastos, la promesa del Banco de Japón (BoJ, por sus siglas en inglés) de mantener los costos del préstamo virtualmente a cero con su política ultralaxa permitirá a los legisladores aplazar las medidas para controlar la gran deuda pública del país, dijeron analistas.
“El gobierno quiere que el BoJ mantenga el statu quo y ayudar a la economía con políticas ultralaxas”, dijo Hiroshi Shiraishi, economista sénior de BNP Paribas Securities. “Mientras tanto, las alzas de los salarios serían cruciales para generar inflación y un ciclo económico positivo. El gobierno ha tenido poco éxito hasta la fecha, pero no es una mala idea dejar clara su resolución de impulsar los sueldos”.
Como la inflación está lejos del objetivo del 2%, lo más probable es que el BoJ mantenga estable su política monetaria en la revisión de tasas de la próxima semana y subraye su resolución de mantener abierto su grifo monetario.
