Vivimos en un tiempo de cambios, forzados e impuestos algunos, pero modificaciones radicales desde cualquier perspectiva de análisis.
Una coyuntura tan determinante en la visión del país que anhelamos no había sido vivida desde que Panamá apostó al desarrollo de un modelo de negocios que descansara en proveer servicios como su eje principal de crecimiento sostenible.
Los históricos pilares del modelo económico enfrentan momentos desafiantes. Es así como tenemos a la otrora pujante Zona Libre de Colón inmersa en una profunda crisis, que si bien guarda relación con situaciones en sus dos principales mercados, no menos cierto es el cuestionamiento de su razón de ser como fue conceptuada en los años 1970.
El Canal de Panamá concluye su tan necesaria y anhelada expansión en medio de cuestionamientos sobre la vitalidad del crecimiento de tráfico de barcos neopanamax y en medio de duras críticas por parte de su fuerza laboral especializada, quienes han puesto en tela de duda esa histórica y ejemplar transparencia en la administración del más importante activo en infraestructura que existe en Panamá. Las preocupaciones asociadas con una posible disminución de las contribuciones que el Canal realiza al erario público deben pasar a un segundo plano si realmente se pretende apalancar todo ese ímpetu logístico que la ruta interoceánica es capaz de transmitir. El Canal enfrenta momentos de cambios también trascendentales como modelo de negocio que lo aleja de ser un mero pasador de barcos y lo posiciona como un jugador único en el mundo logístico.
La posible construcción del puerto de Corozal apunta y confirma la dirección del crecimiento estratégico de este singular activo de relevancia mundial. Y, finalmente, el centro bancario enfrenta una complicada gestión de reposicionamiento general ante noticias que han puesto en entredicho la integridad y transparencia de ciertos actores que se han prestado para malos manejos.
Nuevas reglas contables sumadas a una carrera por tecnología de punta que permita la competencia contra los grandes centros financieros del mundo obligan a este tercer pilar de la economía panameña a realizar alteraciones relevantes para continuar con ese rol destacado en un mundo cada vez más volcado a la rapidez, celeridad, agilidad y transparencia en toda actividad financiera. Lo que irremediablemente debemos enfrentar, sin esquivos cobardes ni pretextos cargados de politiquería, es la urgente necesidad por distanciarnos del apego emocional a modelos que funcionaron en el pasado y crearon zonas de extrema comodidad en dos generaciones de panameños. Estos pilares no son parte de nuestro reciente pasado glorioso de replanteamiento económico, sino componentes relevantes del presente y del futuro de una nación cambiante que camina con optimismo hacia una nueva etapa de progreso sostenible, donde lo único constante es el cambio.