La reciente campaña librada por China para purificar su aire está llevando a algunos de sus vecinos a sentirse amenazados.
El avance del país asiático hacia aire más puro ha sido gradual, en tanto la gasolina sin plomo pasó a ser un requisito en el año 2000, casi tres décadas después que en los Estados Unidos.
Este mes, China fijó los nuevos límites relativos al contenido de azufre en los combustibles para vehículos en aproximadamente la quinta parte de la norma anterior, lo cual deja al país a la par de Europa, que tiene los controles de emisiones más estrictos del mundo.
Si bien el cambio ayuda a China a combatir el esmog que está ahogando a los habitantes desde Pekín hasta Xian, muchas de sus refinerías todavía producen el combustible más sucio.
Este hecho está generando, tanto en Corea del Sur como en Japón, la preocupación de que China incremente las exportaciones de diésel de baja calidad a mercados como Indonesia y Malasia, donde las normas son más laxas. Ambos dependen del sudeste de Asia como cliente clave para su diésel.
La competencia indudablemente se acelerará el año próximo y tendremos que luchar para mantener cuota de mercado, dijo eKim Wookyung, portavoz de SK Innovation Co., la refinería más grande de Corea del Sur.
China ya está vendiendo agresivamente combustible refinado en la región. En septiembre, sus exportaciones de diésel subieron más del 50% hasta un récord, en tanto sus ventas a Filipinas crecieron más de seis veces en 2016 hasta noviembre, llegando a unos 17 millones de barriles, según cálculos de Bloomberg basados en datos de la Administración General de Aduanas de China.
Con la decisión de reducir los niveles de azufre, es indudable que esta mejora a combustibles más limpios actuará como un factor de aceleración para que China exporte combustible sucio, dijo Wu Kang, analista con sede en Pekín en FGE, una firma consultora del sector.
Por su parte, las ventas de Corea del Sur de diésel –-su combustible más exportado-- al sudeste asiático cayeron hasta su nivel más bajo en seis años. Las exportaciones de productos derivados del petróleo del país se desplomaron 2% en el trimestre que cerró en septiembre en tanto los envíos a Filipinas, por ejemplo, bajaron un 33% en 2016 respecto del año anterior.
