Plano urbano: Edificios enfermos y ventanas abiertas

OPINIÓN. Con muy poca prominencia y sin ningún desarrollo interior, lo que me extrañó por no ser costumbre, apareció una nota el día 31 de enero de este año, sobre la necesidad de abrir ventanas en todos los edificios, en la página 1B de mi diario La Prensa que tan buenos dividendos en democracia y en dólares, nos está brindando anualmente. La mencionada noticia dice textualmente: "De todo un poco", ¡FAVOR ABRIR VENTANAS!" La Organización Mundial de la Salud pidió a los propietarios y gestores de inmuebles en Estados Unidos, que tomen medidas que mejoren la aireación de sus edificios, para reducir la cantidad de "radón", un gas radiactivo que se encuentra en todo el mundo y es responsable de entre el 10 y el 15% de los casos de cáncer del pulmón.Como somos tan copiones de todo lo que pasa en Estados Unidos, espero que hagamos caso a tan saludable consejo. No es una recomendación de la abuela, a la que los nietos le dirán, ya está muy vieja, no hay que hacerle mucho caso. Es una recomendación de la entidad sanitaria más importante del mundo, cuyas recomendaciones son adoptadas y aplicadas por los gobiernos más serios del orbe. Nuestro Ministerio de Salud (Minsa) que se precia ser uno de los más vigilantes de América en los temas de prevención de enfermedades (aunque ha dado tremendo patinazo, al reconocer como lo óptimo en sanidad, el sistema de control de los productos de Estados Unidos, donde las autoridades constantemente recomiendan cocer profundamente sus carnes, para evitar los crecientes brotes de salmonela), debe exigir esta medida en todo edificio que se construya y en todo edificio existente (ver escritos de Betty Brannan Jaén, de quien creo y quiero resultar pariente, por mi abuela Rita Jaén Arosemena, penonomeña de cepa). He escrito en varias oportunidades en contra de estos edificios herméticos, donde es imposible abrir una ventana. Infortunadamente tengo una pequeña oficina en uno de estos "lindos" edificios, todos de vidrio, donde entra todo el sol de la tarde, hasta la hora en que un amable edificio recién construido, se apiada de mi persona y lo tapa en su viaje al ocaso. En aproximadamente unas cuatro o cinco veces el año pasado, el acondicionador de aire se dañó, una vez o dos fue cuestión de horas, pero en otra ocasión estuvo dañado casi una semana, pues el dueño de la oficina estaba de viaje, y no había quién respondiera por su reparación. Afortunadamente desde el estudio de mi casa, puedo realizar algunas de mis labores habituales, pero muchas otras no, para eso mantengo una oficina.Cuando comento este tema con un grupo de personas, no deja de haber alguien que me cuenta su propia experiencia en edificios donde tuvieron sus oficinas, hasta que se retiraron a otra parte, huyendo del insoportable calor que les brindaba algún ventanal sin razón y sin uso, ya que tenían que cubrirlos con los más espesos cortinajes. En esta ocasión no estamos hablando de calor, estamos hablando de cáncer, una de las enfermedades más mortíferas y más temibles que la humanidad haya conocido que, por estar respirando aire viciado, está trayéndonos a nuestros pulmones un temible gas radiactivo. Tomemos en serio esta advertencia, si es que estamos a tiempo.

El autor es arquitecto y asesor de compradores de vivienda y de inversionistas.


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