La ola de huelgas que se abate desde hoy sobre Francia , en particular en la compañía pública de trenes SNCF, pone a prueba la vocación reformadora del presidente Emmanuel Macron, menos de un año después de llegar al palacio del Elíseo.
Los ferroviarios de la SNCF marcan sobre todo la pauta con una huelga intermitente que puede perturbar seriamente la vida cotidiana de los franceses durante tres meses. Los sindicatos protestan contra un proyecto de reforma del Gobierno que quiere poner fin a su estatuto especial, que incluye un empleo de por vida.
Han creado un nuevo concepto de movilización, con una huelga de dos días cada cinco, es decir, un total de 36 días de paros alternados hasta fines de junio.
La SNCF ha aconsejado a los usuarios que renuncien a tomar el tren desde hoy por la noche hasta el jueves por la mañana --las huelgas de 48 horas de la compañía pública duran de hecho varias horas más--, pues el movimiento va a ser muy inoportuno para los 4.5 millones de viajeros diarios, según el presidente del grupo, Guillaume Pepy. El martes, a los ferroviarios se sumarán otros sectores en huelga: los empleados de la limpieza y del sector de la energía.
