Tres kilómetros al sureste de la torre Cheesegrater de Londres, que se vendió el mes pasado a un precio sin precedente, hay una prueba de que no todo está tranquilo en el mercado inmobiliario de la capital británica.
En Canada Water, el desarrollador British Land Co., que también poseía la mitad del rascacielos, ha visto el valor de la tierra reducido en casi 11% a medida que los inversores pierden el apetito por activos más riesgosos.
Eso contrasta con las mejores propiedades, que siguen atrayendo compradores. “Los activos londinenses de primer nivel, como el Cheesegrater con ingresos de largo plazo, se han negociado a precios récord, mientras que los activos que expiran a corto plazo se vieron afectados”, dijo Sue Munden, analista de bienes raíces en Bloomberg Intelligence.
“Los precios de los inmuebles bajaron después del brexit porque los tasadores esperaban que los inversores exigieran una mayor rentabilidad dada la incertidumbre económica”.
El mercado inmobiliario comercial de Londres está cambiando y el valor de los edificios de oficinas en el principal distrito financiero va en aumento a pesar de que bajan los alquileres.
Una ola de compradores asiáticos se ha volcado a la capital del Reino Unido luego del debilitamiento de la libra tras la aprobación del brexit. Se vieron favorecidos los edificios con arrendamientos a largo plazo al ofrecer un mejor rendimiento que los bonos del Gobierno.
