La peor recesión que ha sufrido Brasil se agravó en los últimos meses de 2016, lo que frustra las esperanzas de una pronta recuperación de la economía pese a medidas de estímulo, como una reducción acelerada de las tasas de interés.
El producto interno bruto de Brasil se contrajo un 3.6% en 2016, informó el martes el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).
En 2015, se registró una lectura negativa de 3.8%.
La contracción empeoró en el cuarto trimestre con un declive mayor al previsto de 0.9%, tras ajustes por estacionalidad.
En los tres meses previos, la baja fue de 0.7%.
Brasil registra casi 13 millones de personas sin trabajo y hay una cifra récord de empresas quebradas.
La recesión también fue uno de los factores que llevó a la destitución de Dilma Rousseff y a los bajos índices de aprobación de su sucesor, el presidente Michel Temer.
La inversión disminuyó un 10.2% el año pasado, lo que economistas atribuyen en parte a los altos costos del crédito en el país.
En octubre, el Banco Central inició un ciclo de recortes desde el máximo histórico de la tasa Selic de 14.25% y se espera que este año baje a un solo dígito.
La recesión ya suma dos años y es la más larga y profunda que registra el país.
La opinión de consenso entre los economistas es que Brasil saldrá de la recesión este año, pero a una tasa muy baja de 0.5%, que sería insuficiente para reducir el desempleo.
El ministro de Hacienda Henrique Meirelles dijo, después de que se conocieron las cifras, que pese a los datos negativos de fines del año pasado, Brasil “claramente” está comenzado a crecer.
Algunos economistas, sin embargo, están moderando sus expectativas para el crecimiento de 2017.
“Vemos un crecimiento cero en 2017, o tal vez un poco por encima de eso”, dijo Carlos Kawall, economista jefe de Banco Safra, en Sao Paulo.
“No deberíamos ver recuperación alguna este año, tendremos que esperar hasta 2018”.
