Productores de vino de Argentina, cuya variedad malbec goza de una reputación mundial, están furiosos por un impuesto propuesto por el Gobierno y aducen que golpeará las exportaciones y el consumo doméstico de la bebida en momentos en que los viñedos están recuperándose de dos malas cosechas.
El proyecto, anunciado por el gobierno del presidente Mauricio Macri, prevé un impuesto del 10% a las compras de vino. A diferencia de otras bebidas como la cerveza, el agua mineral y las gaseosas, el vino no tributa una tasa al consumo.
A los viñedos de Argentina, el sexto productor mundial de vino y el décimo exportador global, les ha costado mantenerse competitivos a nivel internacional debido a altos costos laborales, de distribución y producción.
“Cuando no tenés una ventaja de costo en el mercado doméstico, no podés competir a nivel internacional porque tenés una buena parte de tus negocios en el país”, dijo Rafael Bianchi, gerente general de Bodegas Bianchi, con sede en la famosa provincia vitivinícola de Mendoza.
Cerca del 70% de la producción vinícola argentina se consume dentro del país. Sin embargo, años de una galopante inflación han recortado los brindis en parrillas y restaurantes. Además, condiciones climáticas volátiles en regiones vitícolas han arrasado cosechas en las últimas dos temporadas. Para los productores, el impuesto sería un duro golpe y funcionaría como un freno al crecimiento de sus exportaciones cuando, justamente, Macri busca abrir la economía argentina al mundo tras más de una década de proteccionismo bajo los gobiernos de su antecesora Cristina Fernández.
Macri dijo que su gobierno estaba dispuesto a escuchar las preocupaciones de los productores vinícolas, y afirmó que quiere que Argentina sea uno de los exportadores mundiales líderes de la bebida.
