El minero artesanal Fredy Flores aún no se explica por qué El Salvador prohibió la minería metálica si bajo sus pies hay suficiente oro enterrado como para pagar las deudas de la empobrecida nación centroamericana y aliviar sus graves problemas financieros.
Sin embargo, el Congreso salvadoreño aprobó en marzo una inédita ley contra la minería metálica, respaldada por todos los partidos políticos y la influyente Iglesia católica, con el fin de proteger el agua y la biodiversidad del pequeño país de unos seis millones de habitantes.
La decisión, que también veta el uso de productos tóxicos como cianuro y mercurio, fue celebrada como una gran victoria por activistas de El Salvador, el país con mayor degradación ambiental del continente después de Haití, según la ONU.
Pero en el cantón San Sebastián, 175 kilómetros al noreste de la capital, los mineros artesanales -conocidos como “güiriseros” - están furiosos porque la nueva legislación les da un plazo de dos años para dejar su actividad y cambiar de vida.
“El cerro San Sebastián sí tiene grandes yacimientos de oro que pueden pagar la deuda del país y después continuar sacando oro”, dijo Fredy Flores, unos de los 600 mineros que a diario excavan en los asfixiantes túneles bajo el cerro.
A sus 54 años, este hombre se queja de que los políticos vayan a poner fin a la tradición alegando frenar a las corporaciones mineras.
“Los viejitos que ya murieron aconsejaban a las nuevas generaciones que cuidaran la mina como un patrimonio, como un banco donde la gente tiene sus migajitas y va sacando, pero que no pueden llevárselas como se las llevan las grandes empresas internacionales”, explicó.
