Reino Unido recortó oficialmente ayer sus previsiones de crecimiento económico para los próximos dos años, dijo el ministro de Finanzas Philip Hammond, al esbozar el primer plan presupuestario del país desde que los votantes decidieron abandonar la Unión Europea.
Las débiles finanzas públicas han dejado a Hammond poco espacio para aumentar los gastos públicos o aplicar grandes recortes de impuestos.
De hecho, Hammond dijo que el Gobierno necesitaría endeudarse más en los próximos cinco años y que se espera que la deuda neta del sector público suba a un máximo de 90.2% del PIB en 2017/2018, por encima de una proyección del 81.3% del PIB en marzo.
La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR), los expertos independientes de gasto fiscal de Reino Unido, dijeron que el PIB crecería en 1.4% en 2017, por debajo de la estimación de 2.2% hecha en marzo, antes de que los votantes decidieron dejar la UE.
Hammond también dijo que la OBR ahora prevé que en 2018 la economía crezca un 1.7%, en comparación con la proyección de una expansión de 2.1% entregada en marzo.
“Nuestra tarea ahora es preparar a nuestra economía para que sea resistente mientras dejamos la UE y alistarnos para la transición que seguirá”, declaró Hammond al Parlamento.
La economía de Reino Unido ha sobrellevado con resistencia hasta ahora los efectos del brexit, en contra de los pronósticos del Banco de Inglaterra.
