Mucho más allá de la riqueza gastronómica, la alegría de su gente y el obligado “icing glass”, Portobelo es magia extraña y transporte espiritual único, donde el cuerpo experimenta la inigualable “piel de gallina” que usualmente se manifiesta cuando te postras ante el Nazareno y simplemente te entregas. La belleza de sus playas es incomparable, pero es en el mes de octubre cuando los tonos de verde y azul son más intensos y el bon “sudao” sabe diferente.
Después de los ritos que cada quien practica, es tiempo del almuerzo preñado de coco y picante que hace sudar, agotamiento que solo es aplacado por la más frías de las cervezas.
Saliendo de Portobelo fue anunciado el premio Nobel de Economía 2017 y el galardonado fue el doctor Richard Thaler, profesor de la Universidad de Chicago, por su trabajo en el análisis de cómo la psicología se incorpora en la economía y en muchas de las decisiones que tomamos en el día a día.
Según el trabajo del doctor Thaler, yo hubiera estado dispuesto a pagar hasta tres veces más de lo que pagué por la cerveza consumida en Portobelo, si la misma hubiera venido de un hotel 5 estrellas y servida en una jarra helada. En otras palabras, mi actuación no hubiera sido catalogada como irracional al pagar, por la misma exacta cerveza, hasta tres veces más su valor comercial.
Muchas de las decisiones que tomamos en lo económico no son enteramente racionales y son afectadas por un sinnúmero de variables como la falta de autocontrol o el limitado acceso a información.
Y, releyendo al doctor Thaler, pareciera que la capital de la irracionalidad económica fuera Panamá con algunas de las vivencias cotidianas que confrontamos. Apenas en la última semana, tanto el Fondo Monetario Internacional como la Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico (FMI y OCDE, respectivamente) han publicado sendos estudios sobre temas de alta importancia.
Mientras el FMI enfocó su análisis en el impacto negativo de la corrupción, la OCDE presentaba su estudio multidimensional sobre Panamá, apuntalando serias deficiencias en materia de educación, innovación y hasta eficiencia de la gestión fiscal.
Leer a Thaler antes de los reportes de FMI y de la OCDE sobre la región y sobre Panamá solo valida lo irracional que nos comportamos en el país que para 2022 proyecta ser el de mayor ingresos per cápita de América Latina, pero que aún convive con el absurdo abandono de nuestros hermanos indígenas y alimenta la población de los “ninis”; (personas que ni trabajan ni estudian) con regalos, bonos y subsidios.
Quizás por la forma en la que hemos sido formados o por el agua que tomamos que pareciera hacernos pacíficos y aletargados, la irracionalidad económica del doctor Thaler toca aspectos fundamentales que podrían impactar el normal funcionamiento del país, pero pareciera no incomodarnos. El patrón de conducta irracional en la toma de decisiones afecta al sector privado y al público; prácticamente nadie se escapa. Solo un pensamiento irracional puede explicar 10 años sin conocer dónde están, cómo se manejan y qué rendimiento han generado los fondos aportados a las cuentas individuales del programa de jubilación que fueran creadas según la Ley 51 de la Caja de Seguro Social y que se manejan separadamente del sistema solidario.
Más irracional aún es recortar drásticamente el presupuesto del Instituto Nacional de Cultura (INAC) cuando el país se prepara para ser capital de la cultura iberoamericana en el año 2019.
Regresando de Portobelo, recordé cómo los impuestos de la clase media trabajadora y decente han sido utilizados para pagar bandas gástricas a funcionarios públicos, otros tantos dólares para que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia viajen a sus anchas tras el supuesto de disertaciones académicas o para engordar a un estado lleno de ineficiencias mientras nuestros abuelos y niños son tratados cual reses camino a matadero en los hospitales públicos porque no hay espacio, ni camillas. Solo a través de una revolución educativa sin precedentes podremos distanciarnos de tanta irracionalidad en nuestra cotidianidad financiera y económica; revolución que permitirá regresar a Portobelo a dar gracias por otro camino recorrido por y para Panamá.