OPINIÓN
Con los niveles de endeudamiento más altos desde la Segunda Guerra Mundial y una serie de condiciones estructurales que precluyen superar esta situación a punta de crecimiento. Los países desarrollados se ven abocados a elegir dentro de un menú de medidas drásticas para reducir el monto de su deuda y el costo de cargarla.
Lo anterior se traduce en un entorno hostil para los ahorristas, que como veremos a continuación son el objetivo de estas medidas. Ya sea que estén invertidos en deuda soberana o en instrumentos estrechamente ligados a esta, que son la mayoría. Esto contrasta marcadamente con lo que se vivió durante las casi tres décadas que se iniciaron en los 80 y recién terminaron, donde el ahorrista podía lograr altos retornos sin mayores riesgos ni complicaciones.
En un extremo tenemos a un país como Grecia, que por estar endeudado en una moneda que no controla y haber rebasado ampliamente su nivel de “tolerancia” de deuda, está obligado a incumplir en forma explícita y cualquier día de estos decirle a sus acreedores que solo les va a reconocer tantos centavos por dólar.
El otro extremo es Estados Unidos, que por estar endeudado en su propia moneda y ser esta la moneda de reserva mundial – el “privilegio exorbitante” del que se quejaban los franceses – tienen la mayor flexibilidad. Es decir, que Estados Unidos puede optar por formas más sutiles y de largo plazo para reducir su deuda. Buscando de esta forma minimizar el trauma y el daño reputacional. La fórmula que van a intentar para lograr este objetivo es una combinación de inflación más alta y represión financiera.
Represión financiera se refiere a una serie de medidas regulatorias y monetarias que limitan las alternativas disponibles al ahorrista, y lo obligan a aceptar tasas de interés muy bajas, por debajo de los niveles de inflación. Por ejemplo, en el ámbito monetario ya tenemos a la Reserva Federal de Estados Unidos con las tasas de interés en 0% “indefinidamente” desde 2008 y comprando casi $1.6 trillón en bonos del tesoro. En el ámbito regulatorio, podrían venir normas que para los efectos obliguen a las instituciones financieras y a otros inversionistas a comprar más títulos del Estado.
Por otro lado, vuelven a ser contempladas prácticas que fueron comunes y se abandonaron en los 70 con el giro en ese momento hacia el libre mercado, como lo son: techos en las tasas de plazo fijo (eje. España), controles de cambio, etc. Para el ahorrista son tiempos difíciles, el reto es encontrar inversiones que lo recompensen adecuadamente y minimicen los riesgos de default, devaluación e inflación, todos importantes en un entorno de alto endeudamiento.
El autor es asesor financiero, Geneva Asset Management.
