La crisis en el sector agropecuario, según los productores, radica en la carencia de un plan de Estado a largo plazo que defina la estrategia para que el país produzca alimentos.
Las importaciones en época de cosecha local, la especulación en los precios de los alimentos y los efectos del cambio climático no permiten que el sector primario se recupere, advierte Augusto Jiménez, presidente de la Asociación Comunidad Productora de Tierras Altas.
“El agro está de reversa. Mientras el Gobierno no reconozca y atienda las importaciones como el problema de fondo, la producción agrícola seguirá cayendo”, dijo.
Se desconoce con exactitud cuántas hectáreas de siembra se han perdido, pero los agricultores calculan que ya superan las 35 mil.
Valentín Domínguez, presidente de la Asociación de Productores de Maíz y Sorgo de Los Santos, reconoce que la producción agrícola local no abastece la demanda del país, pero advierte que el problema se agudiza cuando tienen cosechas disponibles y se sabotea la venta con las importaciones. En el caso del maíz, los industriales no han cumplido con el acuerdo de comprar en tres etapas 2 millones de quintales.
Hasta la fecha no se ha comprado la totalidad de los 700 mil quintales que se acordó adquirir antes del 15 de febrero, pero en las últimas semanas han llegado al país tres barcos repletos de maíz, denunció Domínguez.
En el último semestre las importaciones en época de cosecha local y las condiciones climáticas han causado pérdidas en la siembra de arroz, maíz, cebolla y tomate.
En diciembre pasado, los productores de arroz de Panamá este salieron a protestar porque no podían vender sus cosechas. El Gobierno se comprometió a destinar $18 millones para que el Instituto de Mercadeo Agropecuario (IMA) comprara 500 mil quintales de la cosecha local.
Con los tomateros se pactó la compra de 200 mil libras. La medida también se replica con el maíz, la cebolla y el poroto. Sin embargo, los productores califican esta respuesta como “apagafuegos”.
Eduardo Carles, ministro de Desarrollo Agropecuario, asegura que través del Instituto de Mercadeo Agropecuario cuenta con los recursos para comprar la producción local.
En el caso del tomate, Carles asegura que las importaciones que se han dado representan inversiones privadas, por parte de cadenas de supermercados que han traído no más del 4% de lo que se produce en Panamá.
“Yo sí siento que la bulla provocada por ciertas importaciones, quizás asustó a la gente, provocó un tranque y una baja en los precios en el mes de febrero, que es el mes histórico donde caen los precios del tomate desde hace más de 10 años”.
El funcionario recomienda que los productores ajusten sus ciclos de siembra de acuerdo a la demanda del mercado.
Pero los ciclos de siembra no se pueden ajustar a la demanda del mercado porque muchos cultivos se rigen por las estaciones climáticas.
La siembra de melón, sandía, tomate industrial, cebolla, son cultivos de la estación seca. Aplazar su siembra es arriesgarse a que las lluvias arruinen las plantaciones, comenta Domínguez.