Los pueblos del altiplano andino, la selva amazónica y las tierras inhóspitas del sur del continente ya consumían antes de la llegada de los españoles quinua, camu camu o calafate. Pero estos nuevos elixires de una dieta saludable están ahora amenazados por la sobreproducción.
Ricos en antioxidantes, vitaminas, aminoácidos, minerales o fibra, los granos altiplánicos (quinua, kiwicha, kañihwa), raíces (yuca, yacón) y bayas (calafate, murta o murtilla) son la esperanza para prevenir enfermedades cardiovasculares, obesidad o cáncer.
Son el nuevo filón de la industria alimentaria andina, que entre 2011 y 2015 incrementó en 202% la oferta de los llamados “superalimentos” en el mercado, según Promperú, el organismo peruano dedicado a promover las exportaciones.
Las exportaciones de productos como el sacha inchi, una semilla rica en ácidos grasos, la lúcuma (fruta), el camu camu (fruto silvestre) y el yacón, crecieron entre enero y noviembre de 2017 un 10% solo en Perú.
Entre 2012 y 2017, las exportaciones de quinua (o quinoa) peruana pasaron de 34.5 millones de dólares a más de 124 millones, mientras que las de sacha inchi crecieron más de un 116% el año pasado, de acuerdo con Promperú.
Pero la composición del suelo y los procesos que atraviesan para su comercialización -como la exposición a altas temperaturas- pueden alterar o destruir sus propiedades, alerta Marcela Zamorano, especialista en química y análisis de los alimentos de la Universidad de Santiago.
Nativa del altiplano de Bolivia y Perú, la quinua ya se produce en Holanda, Canadá, Finlandia, Estados Unidos, Italia, India o China.
“Dicen que la quinua que crece a 4 mil metros de altura es la más rica en nutrientes”, asegura Isabella Falco, directora de Promperú, quien aboga por crear la denominación de origen para distinguir el grano que se produce sin pesticidas.