La escasa fe de los productores de soya de Argentina en la moneda de su país se puede comprobar en su decisión de almacenar sus granos, aun cuando el mercado local de futuros anuncia una clara caída en el precio de la oleaginosa para los meses venideros.
Argentina es el principal exportador mundial de aceite y harina de soya, como también el tercer proveedor internacional de porotos de soya y de maíz, en un momento en el que la demanda global de alimentos sigue creciendo.
Sin embargo, para los agricultores locales un grano de soya guardado es mejor que un peso argentino en el banco, señal de la decreciente confianza en la tercera economía de América Latina.
Las políticas intervencionistas de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que incluyen desde límites a compras de divisas hasta un fuerte gasto público para impulsar la economía pero que no controlan la creciente inflación, han hecho de Argentina un destino de alto riesgo para los inversores.
El peso del mercado informal de Argentina cayó un 37% en el último año a 11.85 pesos por dólar.
