La costura y el arte son dos aspectos que han estado en su vida desde siempre. La primera es parte de la cultura de Guna Yala; la otra, una herencia de su padre.
En el turquesa más turquesa del Caribe panameño que rodea a la isla de Ustupu, a unas cinco horas en lancha desde la costa, Yaliveth Roldán nació cantando. Y cantando al ritmo que marcaba su padre, el maestro Marino Roldán, pulió durante su infancia su lado más artístico, gracias a la prosa y las melodías de estas canciones para niños, cuyos versos hablaban de la cultura y la tradición guna.
No sabía hablar español cuando llegó a la ciudad de Panamá a los 10 años. Sus padres se mudaron a tierra firme para que Yaliveth, su hermana y su hermano estudiaran música y asistieran a la secundaria y a la universidad. Este cambio sería determinante para el negocio que emprendería casi 20 años después.
“Al principio, mi papá quería que fuéramos músicos, pero yo no sabía tocar ningún instrumento (...) Allí descubrí que me gustaba mucho dibujar y pintar. Mi papá me apoyó mucho, y entré a una escuela de arte”, recuerda Yaliveth, que prefiere que le digan Yali.
LA CULTURA EN LA COSTURA
A las niñas gunas les enseñan a coser desde muy pequeñas. Con ocho años ya diseñaba blusas y vestidos con molas que luego confeccionaba su madre: la moda, la tradición y la cultura en una pieza.
Todo este aprendizaje tomaría forma cuando se abrió la carrera de diseño de moda en la Universidad de Panamá (UP). Al ver por los pasillos del centro de estudios a una chica guna que vestía una blusa con mola las piezas cayeron en su lugar: “Se veía natural y tan relajada que me asombró. Me dije ‘puedo ponerme la mola de esta manera. Todo nació ahí”.
Cuando le contó a su madre comprendió que aquello que presenció no era una novedad. De hecho, esta le recordaría que ella misma usaba blusas con molas cuando era pequeña. “Siempre fue parte de mí”, subraya Yali.
Consiguió molas y se puso a diseñar y coser. Grabó un video de su hermana modelando con uno de sus vestidos, lo editó y lo subió a YouTube y a Facebook. El futuro empresarial estaba cada vez más cerca.
El éxito que tuvo ese video la llevó a confeccionar varias piezas para un desfile durante un evento en conmemoración de la Revolución Guna. El éxito dentro de su comunidad fue inmediato; era hora de llevarlo a otro nivel.

EL ARTE DE EMPRENDER
En 2010, cuando tenía 27 años, inició su primera empresa junto a una amiga: Dutu Mola. Un par de años después, se capacitó en negocios en cursos en la Fundación Ciudad del Saber y Voces Vitales. Confiesa que le abrió tanto los ojos y la mente que llegaron las oportunidades.
El crecimiento de Dutu Mola suscitó un “desequilibrio en cuanto al personal y al socio”. La empresa llegaría a su fin cuando se disponían a registrar su marca ante el Ministerio de Comercio (MICI) entre 2014 y 2015.
“Dejé todo durante dos años, y empecé de nuevo en este 2017. Estoy en proceso de registrar mi marca ante el MICI, Yali Mola, y formalizarlo con el Congreso Guna”, cuenta Yali, quien también es pintora.
Además de la parte textil, vende cuadros y tiene un proyecto llamado “Mola niña” -que además es su tesis de maestría-, en el que ilustrará cuentos y leyendas de la comunidad guna.
Gracias a los cursos que tomó pudo conocer distintos países y el trabajo de varias mujeres, y comprender cómo el emprendimiento de una persona puede ayudar a una comunidad. Y en eso se enfoca su negocio.
Trabaja desde su casa en la barriada guna El Cristal, en Arraiján, y compra las molas a sus vecinas para elaborar sus carteras, faldas, blusas, vestidos, dibujos y cuadros. Los precios van desde $12, $25, $65 hasta $300 en el caso de las pinturas más grandes. Su sala de exhibición son las redes sociales, que gestiona ella misma. Sus clientes la contactan a través de Instagram (@yali_mola) y Facebook (Yali-Mola Arte y Costura).
Inspirada en el Desfile de las Mil Polleras, Yali quiere hacer uno propio para enseñar la variedad de molas de la cultura guna, y que resuma la razón de ser de su trabajo y vocación.
“Quiero inspirar a las jóvenes gunas a usar molas, mezclar la tradición con lo moderno”, explica, y agrega: “Este mundo tiene tantos colores y tantas formas, que asimismo están las culturas. Dentro de eso están los prejuicios hacia las culturas, y parte de lo que quiero hacer es recordar que los seres humanos somos diferentes y debemos aceptarnos”.
