Los turistas chinos, que regresan en gran número a París tras un período de desafección causado por los atentados y las agresiones, muestran un mayor interés por lo auténtico en detrimento del lujo.
Para esta nueva generación de turistas del país asiático, se acabaron las visitas de París con turoperadores.
Viajan en metro o se mueven en las bicicletas de alquiler de la capital, hablan inglés y no sueltan su teléfono móvil.
Es cierto que sigue habiendo autobuses aparcados cerca de los grandes almacenes próximos a la Ópera, pero los turistas chinos, que suelen ser más jóvenes que los demás visitantes internacionales (32 años de promedio en lugar de 39), buscan experiencias más originales que las de sus antecesores.
A menudo son jóvenes ejecutivos dinámicos, de clase media o incluso de la élite china, que van a pasar unos días en Francia con la familia o entre amigos, explica Li Lacampagne, una exdiplomática que creó una aplicación para ayudar a los chinos a elegir las tiendas parisinas que cumplen con sus gustos.
Ya no solo buscan las grandes marcas francesas, también quieren productos que no se encuentran en China, explica. Una vez visitados los principales monumentos, esos turistas se alejan de la prestigiosa avenida de los Campos Elíseos para pasear por el centro de París.
Según datos oficiales, el 54% de los chinos, los que más visitan la capital francesa por detrás de británicos y estadounidenses, tienen intención de volver a París en un plazo de dos años, frente a al 71% para las demás nacionalidades.
