La Unión Europea (UE) y Canadá aseguraron ayer la aprobación de un disputado acuerdo de libre comercio y la eliminación de aranceles a la importación, que sus defensores dicen que impulsará el crecimiento y el empleo a ambos lados del Atlántico.
Las dos partes pueden considerarlo un éxito para sus políticas de apertura de mercados luego de meses de protestas e incertidumbre tras la llegada del presidente estadounidense Donald Trump, que ha retirado a su país del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y quiere reformular el Acuerdo de Libre Comercio para América del Norte.
Los europarlamentarios respaldaron el Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA, por sus siglas en inglés) por 408 votos a favor y 254 en contra, lo que significa que gran parte del acuerdo, principalmente la reducción de aranceles, entrará finalmente en vigor unos ocho años después de haberse iniciado las negociaciones.
El CETA ha llevado a movilizaciones en Europa, encabezadas por los sindicatos y grupos de protesta que dicen que el tratado comercial llevará a una carrera a la baja de los estándares laborales y medioambientales y permitirá a las multinacionalesdictar políticas públicas.
El asunto clave de la disputa es el sistema para proteger a los inversores extranjeros, que los críticos dicen que puede llevar a casos como el desafío de Philip Morris al empaquetado genérico de tabaco en Australia, que no prosperó.
Los defensores dicen que el derecho a regular se resalta en el tratado y que el CETA ha sustituido los comités de arbitraje cerrados por tribunales independientes y transparentes que abordarán las disputas. La aplicación del CETA, incluida la inversión, solo se dará luego de la aprobación de más de tres docenas de parlamentos nacionales y regionales.
