Las negociaciones sobre el brexit se convirtieron en un diálogo de sordos, con ambas partes acusándose mutuamente por los escasos avances obtenidos, en particular en el espinoso tema de la factura financiera por la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE).
Europeos y británicos terminaron en Bruselas una tercera ronda de conversaciones, iniciada con malos auspicios: la UE había pedido a Londres que empezara a “negociar de forma seria”.
“Esta semana hemos aportado aclaraciones útiles sobre muchos puntos”, dijo a la prensa el negociador jefe del bloque, Michel Barnier, en la sede de la Comisión Europea. Citó como un ejemplo las conversaciones “fructíferas” sobre el futuro de la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte. “Pero no hay ningún progreso decisivo sobre los temas principales” del divorcio, precisó Barnier, y subrayó que subsisten dificultades sobre la “factura financiera” del brexit que deberá abonar Londres.
Londres está impaciente por poder abordar sus acuerdos comerciales postbrexit con la UE, pero según Barnier, “estamos lejos de constatar progresos suficientes como para poder recomendar al Consejo europeo (los dirigentes de los 27) que se inicien las conversaciones sobre la futura relación con el Reino Unido”.
Su homólogo británico David Davis intentó ser menos negativo. “Hemos tenido algunos progresos concretos”, dijo, pero lamentó que “el enfoque británico sea significativamente más flexible y pragmático” que el de la UE en las negociaciones.
