Para los constructores inmobiliarios chinos, altamente apalancados, 2017 puede ser el año en el que la burbuja de préstamo finalmente los alcance.
Los reguladores han cortado una fuente de financiación clave, desde que la Bolsa de Shanghái subiera en octubre los umbrales para que las empresas inmobiliarias vendiesen bonos en su plataforma. Desde entonces, las constructoras no han vendido ninguna acción en un mercado que ha sido el escenario de alrededor del 40% de sus ventas de bonos nacionales a lo largo de los últimos dos años, según muestran datos reunidos por Bloomberg.
Las restricciones no han podido llegar en peor momento, con un récord de $17 mil 300 millones de bonos de constructores a punto de vencer el año que viene, y otros $27 mil 900 millones en 2018.
El Gobierno de China transita una línea peligrosa, con limitaciones a la emisión de deuda, mientras intenta desinflar con suavidad la burbuja inmobiliaria y trata de evitar mayores consecuencias para una industria que supone hasta el 20% de la principal economía de Asia, según estimaciones de Bloomberg Intelligence.
El sector también se ve amenazado por un mayor incremento en los costes de financiación, en un momento en el que la prima de rendimiento de la deuda de empresas nacionales calificada AAA alcanza su máximo desde julio de 2015, y en medio de una caída mundial de los bonos y de medidas de los bancos centrales para frenar el apalancamiento.
