Luego de la exitosa reestructuración de unos 66 mil millones de dólares en deuda con acreedores externos, Argentina enfrenta ahora el desafío de recomponer su economía y generar la confianza que le permita regresar a los mercados de crédito, estimaron analistas.
Con un largo historial de defaults, Argentina se anotó una importante victoria al lograr una adhesión de 93.5% a su oferta para el canje de bonos emitidos bajo legislación extranjera, que mediante las cláusulas de acción colectiva que hacen extensivo el canje a acreedores que no adhirieron, se tradujo en una reestructuración de 99% de ese pasivo.
El ministro de Economía, Martín Guzmán, calculó el alivio logrado en unos 37 mil 700 millones de dólares. Esto gracias a la reducción de los intereses y la extensión en los plazos de pago.
“Salimos del laberinto. No queríamos condenar a la postración a ningún argentino más”, celebró el presidente de centro-izquierda Alberto Fernández, al considerar este acuerdo como sustentable para su país, sumido en una profunda crisis económica.
Las mismas condiciones acordadas con los acreedores externos se aplicarán ahora a la deuda emitida bajo legislación nacional, de unos 41 mil 700 millones de dólares.
Sin embargo, la deuda argentina seguirá siendo elevada y tendrá que pagarse.
“La capacidad de pago va a depender de la confianza que generen las políticas macroeconómicas”, consideró Gabriel Torres, analista de la calificadora de riesgo Moody's.
“El problema no es meramente de cantidad de deuda, sino que Argentina no tiene acceso al mercado. No tiene un mercado de deuda propio y por eso ha tenido que acudir a los mercados internacionales”, dijo Torres.
Los economistas destacan que la deuda solo podrá pagarse con nueva emisión de deuda. “Ningún país paga su deuda con recaudación de impuestos”, destacó Torres.
