Pareció escucharse un quejido colectivo en toda Argentina después de que el presidente Mauricio Macri pronunció tres palabras que muchos vinculan con las peores épocas del país: Fondo Monetario Internacional (FMI).
Macri sorprendió a los argentinos al anunciar esta semana que procurará obtener un acuerdo de financiamiento con el FMI tras una fuerte devaluación de su divisa y un pronóstico poco alentador de la economía global.
“Históricamente, la imagen del Fondo Monetario Internacional ha sido bastante traumática para los argentinos”, dijo Jorge Fidler, un contador de 72 años de edad. “Es difícil de digerir”.
La crisis de hace 17 años derivó en el desempleo de uno de cada cinco argentinos, millones se hundieron en la pobreza y algunos pasaron hambre. El peso perdió casi el 70% de su valor.
Los bancos congelaron los depósitos. Desde entonces se ha responsabilizado al FMI por su papel en la mora de pagos de Argentina de su deuda de más de 100 mil millones de dólares.
Un sondeo de los encuestadores argentinos D’Alessio Irol/Berensztein señaló que el 75% de los habitantes siente que solicitar ayuda al FMI es una medida errónea. La encuesta a mil 77 personas efectuada a principios de mayo tiene un margen de error de tres puntos porcentuales.
“El Fondo es el prestamista de última instancia. Es casi una palabra tóxica aquí”, dijo Sergio Berensztein, analista político y coautor del sondeo.
