BEIJING, China (EFE). -China, cuna de la civilización oriental con más de 5,000 años de historia, atrae cada vez a más viajeros que buscan un país exótico e interesante, pero es un destino no apto en Año Nuevo para los que temen las multitudes, que inundan todos los puntos turísticos del país esta semana.
Desde 1999, el Gobierno chino decretó tres semanas de fiesta nacional al año, en octubre, mayo y durante el Año Nuevo Chino, vacaciones que han despertado un frenesí viajero desconocido en el gigante asiático.
Así, por ejemplo, 800,000 turistas visitaron la ciudad costera de Shangai durante los dos primeros días de vacaciones, martes y miércoles, y sólo el lunes los hoteles y restaurantes registraron un incremento del 47.6 por ciento en sus ingresos, que sumaron 7,. millones de yuanes, según publica hoy la prensa local.
Intentamos hacer cola para entrar en la Ciudad Prohibida, pero nuestro grupo empezó a dispersarse a fuerza de empujones, cada vez más violentos, hasta que nos rescataron los guardas del recinto y nos hicieron un hueco detrás de las vallas, recuerda Nuria Martínez, que visitó China durante una de sus fiestas nacionales.
A pesar de que durante este período de Año Nuevo, los visitantes extranjeros pueden experimentar de primera mano una de las tradiciones más atractivas del país, coincidirán con una de las migraciones humanas más grandes del planeta.
Se calcula que más de 174 millones de chinos tomarán los transportes públicos tren, autocar y avión por orden de preferencia para reunirse con su familia la víspera de Año Nuevo o para ir de vacaciones por el interior del país.
Estuve seis horas de pie en un tren de Pekín a Shandong, abarrotado de gente cargada con paquetes y regalos que volvían a casa, sin sitio para moverse. De las ventanas caían chorros de agua del sudor condensado de los pasajeros, narra la estudiante italiana, Elena, sobre su primer viaje en un tren chino.
China es un país difícil para el turista extranjero, por el idioma, por la falta de infraestructuras adecuadas y por el, cada vez más escaso pero aún muy extendido, doble rasero con el que se trata al viajero autóctono y al extranjero.
Hasta hace poco aún en Beijing existían dos tipos de billetes de entrada en los centros turísticos, uno para los chinos y otro, mucho más caro, para los extranjeros.
Es frecuente que en China, país donde se regatea por casi todo, los turistas deban pagar más de lo establecido, y la barrera entre pagar un suplemento y ser timado es, a veces, muy débil. Expertos analistas esperan que con las primeras agencias de viajes internacionales, como la primera empresa de riesgo compartido creada por American Express y la agencia de viajes china CITIC el pasado mes de enero, estas situaciones poco a poco desaparezcan y la gestión del sector se equipare con las normas internacionales.

