Mientras la Covid-19 desocupaba las playas de Río de Janeiro y abrumaba los hospitales, el agente inmobiliario de lujo Frederic Cockenpot se vio inundado de solicitudes. Los negocios estaban cerrados y la economía se tambaleaba, pero los clientes extranjeros estaban desesperados por hacer negocios. “Decían, Fred, búscame algo ahora, necesito enviar el dinero ya mismo”, dijo Cockenpot, quien dirige WhereInRio, una agencia que atiende a compradores internacionales.
Para los inversionistas con divisas fuertes, una caída del 21% en el real brasileño desde principios de 2020 incitó a aprovechar las gangas inmobiliarias. Los compradores se han abalanzado por las caídas y oscilaciones del tipo de cambio, comprando casas de vacaciones y propiedades de inversión, y apostando a que se avecinan mejores tiempos para una ciudad que todavía lucha contra un virus que ha impactado la economía y se ha convertido en una importante crisis política para el presidente Jair Bolsonaro.
Fabio Canfora ve en la confusión una oportunidad para aprovechar un activo barato. En un viaje que hizo en enero para buscar una casa, compró un apartamento de cuatro habitaciones en el corazón de Ipanema, un barrio elegante con una de las playas más famosas del mundo.
En enero, el costo de comprar y renovar su casa de vacaciones fue de aproximadamente 196 mil 998 dólares, aproximadamente la mitad de lo que Canfora estimó que le habría costado cuando dejó el país en 2017. “Para ser honesto, esto era impensable”, dijo el ejecutivo italiano del sector energético de 47 años y exresidente de Río.
Antes de que Brasil fuera sede de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de verano de 2016, el mercado inmobiliario de Río se comparaba con el de Nueva York o París. Río estaba lleno de turistas y petrodólares, mientras que inversionistas frenéticos ansiaban cerrar acuerdos sobre propiedades limitadas en la ciudad que está rodeada por montañas y el océano Atlántico.
La agitación provocó una burbuja inmobiliaria y el pensamiento de que los buenos tiempos en un Brasil rico en recursos llegaban para quedarse. Ambas cosas estallaron al final de los juegos mundiales: los precios de las materias primas se desplomaron, un presidente fue acusado y una investigación de corrupción puso al descubierto a principales líderes políticos y empresariales, lo que aumentó la sensación de que el país sudamericano se estaba desmoronando.
