A la luz del desplome del crecimiento en India a 4.5%, desde 8.1%, en poco más de un año, sorprendería saber que Shaktikanta Das tiene uno de los trabajos más fáciles de la banca central.
Simplemente tiene que seguir haciendo lo que ha estado haciendo desde que se convirtió en gobernador del Banco de la Reserva de India en diciembre pasado: reducir las tasas de interés. Afortunadamente, la voluntad política está de su lado.
Es una situación envidiable para un banquero central por estos días. Basta con observar al presidente de la Fed, Jerome Powell, quien se ha convertido en un blanco constante de las diatribas en Twitter del presidente Donald Trump.
A Das le favorece que la política y la economía apuntan en la misma dirección. Asumió el cargo bajo una nube de cuestionamientos sobre la independencia del BRI.
El predecesor inmediato de Das, Urjit Patel, renunció abruptamente hace casi un año, justo cuando el Gobierno intensificaba la presión para que la institución entregara parte de sus reservas para liberar el gasto fiscal.
El problemático estado de la tercera economía más grande de Asia hace que la tarea de Das sea sencilla. El ritmo de crecimiento se está desacelerando dramáticamente; las cifras del Gobierno mostraron que la expansión de India cayó en el tercer trimestre a su nivel más bajo desde 2013.
Muchas grandes economías se han estancado, pero es difícil pensar en otra en donde el crecimiento haya caído tan rápido. Las expectativas han disminuido tan radicalmente que incluso una desaceleración de esta magnitud estaba en línea con las proyecciones de economistas.
Si Das llegara a contemplar quitar el pie del pedal monetario en este momento, sería un error. Debería mirar más allá del reciente repunte de la inflación el mes pasado, en gran parte atribuido a vegetales como la cebolla, un alimento básico de la cocina india. Esas ganancias de precios ayudaron a impulsar la medida más allá del objetivo de mediano plazo de 4% del BRI.
