La familia de Emil Kamburov ya no enciende el televisor. Mantiene las luces apagadas e incluso ha prescindido del frigorífico y lo ha sustituido por el frío bajo cero de su balcón.
Kamburov es uno del 46% de los búlgaros que este invierno tendrá problemas para pagar la calefacción.
Ese dato oficial en un país donde el frío pega fuerte en invierno, pone de manifiesto la gravedad de la advertencia que acaba de hacer Eurostat, la oficina estadística de la Unión Europea (UE): 49% de los búlgaros corre riesgo de caer bajo el umbral de la pobreza.
“No podemos estar orgullosos de que Bulgaria sea el país más pobre de la UE, con los salarios y pensiones más bajos. Pero, al fin y al cabo, recibimos proporcionalmente a lo que producimos”, se resigna el presidente Rosen Plevneliev. El jefe del Estado insiste en la necesidad de mejorar eficacia y capacidad productiva para elevar el nivel de vida, y rechaza que el Estado se endeude para dinamizar la economía.