La extensión de las medidas de alivio de los bancos hasta fin de año preservará la situación financiera de sus clientes, pero también genera incertidumbre y representa un reto para la calidad de los activos, la rentabilidad y los ratios de capital de las entidades a consecuencia de la pandemia.
Así lo manifiesta la agencia de calificación de riesgo Moody’s Investors Service en un reciente informe que aborda la prórroga hasta diciembre del periodo de gracia en los préstamos a los clientes afectados por la crisis.
Aunque el ratio de morosidad es inferior al del promedio de los bancos latinoamericanos calificados por Moody’s, la agencia señala que el índice (un 3.9% a febrero entre préstamos morosos y vencidos) probablemente se acelerará como consecuencia de la crisis, aunque también reconoce que el capital de los bancos es suficiente para absorber un incremento en el riesgo de los activos.
Según las últimas cifras reveladas por la Asociación Bancaria de Panamá, hasta el 30 de abril se habían modificado unos 660,000 préstamos con un saldo total de $14,700 millones. La mayor parte de la cartera modificada corresponde a hipotecas, que es, a su vez, la cartera más grande del sistema.
La agencia también menciona en su análisis que el hecho de que Panamá no tenga un prestamista de última instancia “limita la capacidad del Gobierno de apoyar al sistema bancario”.
En este sentido, el Gobierno y el Banco Nacional de Panamá están en fase de estructuración de un fondo de liquidez de unos $1,000 millones obtenidos a través de acuerdos con organismos multilaterales y al que tendrán acceso los bancos en caso de una necesidad coyuntural de liquidez, no como mecanismo de rescate.
