El Palais Preysing se destaca hasta en el centro histórico de Múnich. Ubicado frente al palacio real bávaro, la construcción barroca de 289 años prácticamente gotea ornamentos de estuco.
Más allá de su imponente entrada, una alfombra roja asciende por una escalera que descansa sobre los hombros de intrincadas cariátides. Pero al igual que muchos de sus vecinos menos glamorosos, el edificio se ha dividido en consultorios para médicos, dentistas y abogados. Entre las placas de identificación está la de una “Oficina Dalfa de Múnich”. Es un acrónimo de los apellidos -y las oficinas privadas- de cinco de los más influyentes empresarios alemanes: Michael Diekmann, Ann-Kristin Achleitner, Peter Löscher, Joachim Faber, y Paul Achleitner, esposo de Ann-Kristin.
Los compañeros de oficina integran las juntas de supervisión de 10 de los 30 miembros del índice de referencia DAX y las juntas directivas de más de media docena de otras empresas en Alemania y en el extranjero.
La concentración de poder recuerda lo que hace una generación se llamaba Alemania Inc., la red de ejecutivos que dirigía grandes empresas en la era de posguerra.
Paul Achleitner, que tiene 60 años, buscará hoy la reelección como presidente de la junta supervisora de Deutsche Bank AG, el mayor banco de inversión de Europa. Está previsto que Löscher, que integra la junta desde 2012, renuncie ese día. Diekmann, de 62 años, fue nombrado presidente de Allianz SE, la mayor aseguradora de Europa, a principios de este mes. Faber, de 67 años, dirige la junta supervisora de Deutsche Börse AG, la operadora financiera número uno de Europa.
Los cinco dicen que Dalfa es simplemente un lugar cómodo para trabajar y que sus relaciones e intercambios son puramente personales.
Mientras que las salas de reuniones y la cocina son compartidas, todos tienen sus propias oficinas y sistemas informáticos para garantizar el cumplimiento de las regulaciones financieras y dicen que las cuestiones relacionadas con sus puestos en juntas directivas son estrictamente confidenciales. “Esta es una oficina privada de un grupo de amigos”, dice Achleitner, que abrió el lugar hace cinco años con su esposa. “Si nos reuniéramos en privado para almorzar o cenar, nos sentaríamos juntos de la misma manera”.
En las décadas de 1950 y 1960, los mercados de capital subdesarrollados de Alemania fomentaron profundos lazos económicos entre las compañías, sobre todo en el caso de bancos y aseguradoras como Deutsche Bank y Allianz.
