A pesar de una mejora drástica en el último año, los datos de contaminación del aire en Pekín se sitúan por debajo de los niveles de seguridad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a pocas semanas de los Juegos Olímpicos de Invierno.
La capital china había anunciado una “guerra a la contaminación” tras ganar en 2015 la candidatura olímpica, cerrando varias plantas de carbón y reubicando industrias pesadas para librarse del estigma de ser una de las ciudades más contaminadas del mundo.
La concentración de partículas ultrafinas PM2.5, muy dañinas para la salud, cayó a 33 microgramos por metro cúbico en 2021, un tercio respecto a los niveles de 2013, según datos publicados por la oficina medioambiental de Pekín.
Sin embargo, esta cantidad todavía es más de seis veces superior a los 5 microgramos por metro cúbico recomendado por la OMS.
El esfuerzo para mejorar la calidad del aire ha reducido el número de días en que la ciudad se ve envuelta por una nube de contaminación.
Pero aun así, el ministerio del Medio Ambiente chino dijo que el riesgo de nubes tóxicas se mantenía “severo” y anunció que las ciudades sedes de los Juegos disponían de planes de contingencia en caso de que este fenómeno dificulte las competiciones.
China quiere usar los Juegos Olímpicos de Invierno para promover sus credenciales ecologistas y ha construido decenas de plantas eólicas y solares para suministrar la energía necesaria para este gran evento deportivo.

