El control de precios ha tenido y tendrá efectos que van más allá de los previstos en los 22 productos regulados. El impacto toca el bolsillo de los propios consumidores, que perciben que a pesar de las regulaciones todo está más caro.
Los que chocan a diario con esta realidad sostienen que en más de tres años de regulaciones la historia no ha cambiado, ni cambiará. “Mientras bajan los precios de un producto, se lo suben a otro”, es el sentir de los consumidores.
Los artículos de limpieza, aseo personal y ciertos cortes de carne que están fuera del margen de los controlados, son ejemplos de la distorsión de los precios en el mercado.
Olmedo Estrada, presidente del Colegio de Economistas de Panamá, sostiene que implementar este modelo que fracasó en la década de 1980, no es posible en un mercado de libre oferta y demanda.
“Por un lado se controlan 22 productos de una canasta básica integrada por 50 artículos, mientras que por otro quedan 28 artículos a capricho de los comerciantes, generando distorsión y descontrol”, dijo.
El control de precios fue una medida emergente aplicada por el gobierno del presidente Juan Carlos Varela con el objetivo de acabar con la especulación. Con esta maniobra el panameño supuestamente se ahorraría entre $52 y $58 mensuales.
“No es posible que nosotros estemos hablando de que el panameño se ahorra ese dinero, cuando en realidad no ocurre. No es una alternativa viable”, dijo el economista.
Propone desarrollar y aplicar incentivos para aquellas empresas que produzcan los 50 artículos que integran la canasta básica, de esta manera habrá en el país más comerciantes dispuestos a competir en el mercado, tanto por sus precios como por la calidad de sus productos.

De acuerdo con datos de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia, el costo de la canasta básica subió de $303.15 en julio de 2014 a $316.77 en octubre de 2017. Advierte que de no ser por el control de precios, el costo mensual de la canasta básica estaría aproximadamente en $394.
Para el presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos, Aquiles Acevedo, la medida de control de precios está “desvirtuando el mercado”.
Explica que en los comercios o lugares donde se venden productos cárnicos, lo primero que se agota son los cinco cortes regulados, obviando los otros cortes que son de buena calidad.
El control de precios incluye productos como babilla, bistec de cinta con hueso, carne molida y jarrete. Pero las reses se sacrifican y se venden enteras. Entonces, si los costos de producción no bajan y la sequía reduce los rendimientos, los matarifes castigan el costo de otros cortes que no están regulados, según los ganaderos.
Esta distorsión en el mercado ha generado pérdidas para el sector en el último año. De acuerdo con un reporte del gremio, durante el primer semestre de 2017, el consumo de carne de res cayó un 5.3%, debido a los precios de los productos en el mercado local.
El Gobierno sostiene que el control de precios no ha provocado desabastecimiento en el mercado, muy por el contrario, ha incidido en el aumento del consumo y la producción de alimentos como los huevos y el pollo.
En tanto, la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá advierte que sería interesante observar en el decreto cómo se argumenta que en este momento existen restricciones al funcionamiento eficiente del mercado o una conducta monopolística generalizada por agentes económicos con poder sustancial que constituye una amenaza inminente contra el consumidor y la libre competencia.