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Copiar para escapar

Copiar para escapar
Vista del Canal de Panamá desde Gamboa.

Detenerse a admirar la pericia de un colibrí es un regalo de incalculable valor para el alma. Allá por el año 2015, el doctor Jay Falk descendió en la población de Gamboa en los márgenes de nuestro Canal para aprender más de estos particulares animales. Seis años de rigurosas validaciones científicas han demostrado que las hembras de una especie de colibrí copian la apariencia de los machos para evitar el acoso.

Ya sé: a quién le importa semejante dato? Panamá nace como un accidente geológico hace apenas 3 millones de años pero como nación parecemos estancados en el proceso de creación de una auténtica identidad. Próximos a celebrar 200 años de independencia de España seguimos apelando a la posición geográfica de esta secuencia de islas volcánicas convertidas en un istmo para crecer económicamente y procurar progreso social.

Los países no simplemente nacen si no que se forjan en el tiempo a través de procesos evolutivos que, por diseño o por accidente permiten el desarrollo de una personalidad particular que distingue a su gente. Así como el colibrí que pretende ser otro para preservar la vida pues en Panamá nos hemos caracterizado por copiar algunos modelos liderados por pseudo líderes en lo político, en lo sindical o en el mundo empresarial so pretexto de ir hacia el progreso que genere bienestar. En ese hipócrita proceso que ha reinado en reciente memoria marcado por corrupción, falta de transparencia y ausencia de planificación hemos crecido económicamente solo para aparentar que el cascarón vacío puede venderse por pedazos atrayendo a mercaderes que rara vez han velado por el Panamá que soñamos.

Y así seguimos copiando modelos en materia de administración portuaria o producción minera que a todas luces despedazan día a día la buena voluntad de entrar en sociedades de mutuo beneficio convirtiéndose en los mejores ejemplos de explotación de lo más esencial que la gente de un país debe defender: decencia y dignidad. Nuevos vientos de supuestos desarrollos soplan hacia áreas que han sido reservas forestales protegidas desde los días de Belisario Porras.

Quizás el problema estriba en que quienes vinimos después de aquel ilustre panameño no hemos sabido ser originales en los esfuerzos por avanzar soluciones inéditas u optamos por ser cobardes.

Si al menos hiciéramos la tarea de plagio bien pues veríamos otros resultados pero en lugar de ello seguimos proponiendo panaceas con inspiración en el pasado como el control de precios, ahora a tasas de intereses bancarias. En mundos paralelos, mientras Brasil tiene en NuBank a la empresa de Fintech más valiosa mundo acá seguimos discutiendo si la modernización del sistema bancario debe ser prioritaria.

Es deber ciudadano luchar por la protección de áreas como Gamboa, la cuenca del Canal y las reservas forestales. Si el colibrí copia para evitar acoso quizás nos animemos a copiar para escapar del ciclo vicioso de la pobreza o mejor aún: a ser originales en las propuestas centrándonos en la búsqueda de un auténtico bienestar.

El autor es financista


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