El peso de la ganadería industrial y su impacto medioambiental están encendiendo el debate político en España, primer país consumidor de carne de Europa, en un contexto de divisiones dentro de la coalición de gobierno.
En una entrevista publicada por el diario británico The Guardian el día después de Navidad, que pasó inadvertida en aquel momento en España, el ministro de Consumo, Alberto Garzón, cargó personalmente contra la sobreproducción de carne en su país, abogando por acabar con “un tabú”.
Consumo. Demanda nacional
98.8 kilos
De carne por persona es el consumo al año en España, frente a una media de 42 kilos en todo el mundo. Esto convierte a la nación ibérica en el primer país consumidor de carne per cápita de Europa, por delante de Portugal (94.7) y Polonia (88.5).
Si no actuamos, ya no será el cambio climático con lo que estaremos lidiando, tendremos que afrontar una triple crisis: la pérdida de biodiversidad, la contaminación y el cambio climático, aseguró este economista de formación, hablando de las “macrogranjas”, esos enormes establecimientos en auge en España.
Estas empresas encuentran un pueblo en una parte despoblada de España y meten 4 mil , 5 mil o 10 mil cabezas de ganado. Contaminan el suelo, contaminan el agua, y luego exportan esta carne de mala calidad procedente de animales maltratados, añadió.
Las declaraciones de Garzón sublevaron a asociaciones agrícolas como la UPA (Unión de Pequeños Agricultores). En España no hay animales maltratados, señor ministro, denunció la UPA, condenando unas palabras basadas en falsedades, torpes, miopes y que pueden tener nefastos efectos en las exportaciones españolas de productos cárnicos.
Se trata de un ataque a ganaderos y agricultores y a la imagen de nuestro país, lamentó por su parte el líder de la oposición conservadora, Pablo Casado (Partido Popular).
Hasta los socialistas, principalmente los dirigentes de regiones con una importante producción ganadera, como Aragón o Castilla La Mancha, criticaron las declaraciones de Garzón y le pidieron una rectificación, y hasta la dimisión.

