En un entorno económico de lento crecimiento económico como el actual, una de las tareas del regulador bancario será monitorear la salud de los préstamos del sistema. Por eso, el nuevo superintendente de bancos, Amauri Castillo, señala entre los desafíos de la entidad el “cuidado intensivo de la calidad de la cartera de crédito”.
La tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) en 2019 se estima en 3.5%. Si se confirma ese dato, que debe ser revelado por la Contraloría General de la República en marzo de este año, la economía habrá registrado la tasa más baja de crecimiento desde 2009.
Esa desaceleración se traduce en mayores niveles de desempleo, que en agosto de 2019 alcanzó una tasa de 7.1%.
Además, si el análisis se circunscribe a las actividades vinculadas a la economía interna, como la construcción, el comercio o la industria, el ritmo de crecimiento sería aún inferior, entre 1.5% y 1.7%, según los cálculos esbozados por el secretario general de la Superintendencia, Gustavo Villa.
El funcionario observa un claro cambio de ciclo respecto a los primeros años de la década, cuando un crecimiento acelerado de la economía y un entorno internacional de tasas bajas fueron los ingredientes para un “cóctel que permitió un crecimiento acelerado del crédito”.
En la tesitura actual de menor actividad económica, y siguiendo una secuencia lógica, si una persona pierde su empleo y tiene menos ingresos, es posible que empiece a dejar de pagar sus obligaciones, lo que se traduciría en un deterioro de la cartera de los bancos.
“Hay que tomar la temperatura de manera más permanente a los bancos, sobre todo a aquellos que, por su modelo de negocio, están concentrados en crédito de consumo, de forma que aseguremos que los mecanismos que ofrece la regulación están siendo efectivos y ante cualquier situación de alerta podamos colaborar para que el banco salga adelante y no nos ocasione una situación de riesgo sistémico”, manifestó Castillo.
Al término de noviembre de 2019, tomando el universo de todo el centro bancario internacional, el crédito con una mora entre 30 y 90 días representaba el 1.9% del total de la cartera, mientras que el crédito vencido, el que tiene más de 90 días, equivalía a 1.8%.
Por lo tanto, la morosidad global ascendió a 3.7% del total de la cartera, niveles que se consideran bajos en el entorno regional y que, según Villa, son “aceptables”.
