En los próximos años América Latina podrá evolucionar hacia sectores de infraestructura digitalizados, que permitirá ofrecer mejores servicios a sus ciudadanos y reducir las brechas de desarrollo actuales.
CAF, banco de desarrollo de América Latina, presentó ayer el informe “El impacto de la digitalización para reducir las brechas y mejorar los servicios de infraestructura”, en el cual revisa la situación de los países de la región.
Se analizan los desarrollos digitales que se han venido dando en los sectores priorizados, como, por ejemplo, el avance de las redes inteligentes en el sector eléctrico y, en el caso del transporte de pasajeros, el desarrollo de aplicaciones para el uso de la información y la planificación de viajes, y nuevas modalidades de pago.
En el análisis, la ciudad de Panamá aparece con los más bajos porcentaje en un listado de 12 sitios de América Latina donde se utilizan aplicaciones para el transporte. Registra que un 13.9% de las personas de la ciudad utilizan las aplicaciones para transportarse. Sao Paulo, Brasil, aparece con el mayor porcentaje de uso de aplicaciones para movilizarse con 46.9%; seguida de Bogotá, Colombia, con 39.1%; Santiado de Chile con 34.6% y Quito, Ecuador, con 31.7%, entre otras. En el análisis de uso de aplicaciones por género, a nivel de todos los países, las mujeres registraron un mayor uso.
Este estudio también incluyó el uso de bicicletas y patinetas eléctricas. Aquí, Panamá aparece entre los más bajos con 2.4%, mientras que Asunción, Paraguay, registró el mayor porcentaje de uso con 18%.
Para CAF, los cambios tecnológicos que se avecinan tienen el potencial de revolucionar los sectores de infraestructura. Por ello, es necesario que los gobiernos y el sector privado de América Latina implementen intervenciones para una rápida adaptación y un aprovechamiento de los beneficios que ofrecen las nuevas tecnologías que permitan reducir brechas de los servicios existentes.
El informe enumera los principales desafíos para lograr infraestructuras digitales equiparables a las de las economías más avanzadas, entre ellas la adaptación de las regulaciones a los nuevos formatos y usos tecnológicos, como la gestión de los datos o la convergencia entre sectores.

