Alberto Fernández asume el cargo de presidente de Argentina este 10 de diciembre con la esperanza de reforzar las exportaciones para estimular el crecimiento y pagar deudas.
Pero, apenas las ruedas comiencen a girar en su mandato de cuatro años, enfrentará un duro obstáculo de la industria de los cultivos, que representa más de un tercio de los envíos. La sequía ha devastado la cosecha de trigo y cebada en el cinturón de cultivos de La Pampa, que genera ingresos clave por exportaciones durante el periodo de Año Nuevo.
El trigo se vende principalmente a molineros brasileños. La cebada se destina a Arabia Saudita para la alimentación de camellos. Y la mayor parte de lo que queda por cosechar en campos resecos ya ha sido negociada por agricultores expertos, lo que implica que el plan de Fernández para obtener ingresos a través de un alza en los impuestos a la exportación será en gran medida inútil.
Tomemos como ejemplo a Claudio Sánchez, un agricultor de Frapal, provincia de Buenos Aires. Se espera que sus plantas de trigo, repartidas en 4 mil hectáreas, rindan 40% menos que el año pasado y ya ha vendido alrededor del 70% del grano aún en tierra a los exportadores en contratos a plazo. Esto significa que paga el impuesto a la exportación actual de casi el 7% en lugar de la tasa más alta prevista bajo el mandato de Fernández.
