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TRANSPORTE

Glovo calcula aumento de 200% en ventas en 2019

Desde 2015, Glovo ha recaudado 460 millones de euros ($513 millones) de inversores atraídos por este sector en crecimiento.

Glovo calcula aumento de 200% en ventas en 2019
En España, 21 trabajadores llevaron a Glovo a la justicia, acusándolo de tratarlos como ‘falsos autónomos’. Archivo

Con un ambicioso jefe de 27 años y un ejército creciente de ingenieros informáticos, la start-up de reparto a domicilio Glovo quiere conquistar el mundo desde Barcelona, entre un vendaval de críticas por las condiciones laborales de sus trabajadores.

El primer empleo de Oscar Pierre apenas le duró tres meses: fue en 2015, en Toulouse (Francia), en el gigante de la aviación Airbus, una industria “algo lenta” para sus aspiraciones.

“Buscaba otro ritmo“, explica a la AFP este emprendedor con formación de ingeniero aeronáutico, de esbelta figura y concentrados ojos azules.

Ahora dirige a 1,500 personas en 26 países, la mitad de ellas en su ciudad natal, Barcelona, donde cuenta con unas nuevas oficinas dignas de Silicon Valley: pufs, juegos y una cafetería decorada con fotografías polaroid de sus jóvenes empleados.

La entrada está presidida por las grandes mochilas amarillas utilizadas por los 50,000 repartidores de Glovo. En bici o moto llevan a las casas de 288 ciudades la comida de restaurantes pero también pañales de bebé, medicinas o flores.

Una start-up en crecimiento

288 ciudades en 26 países son atendidas por los transportistas de Glovo.

50,000 repartidores tiene Glovo.

$279 millones en ventas espera la empresa para el cierre de 2019.

A diferencia de sus competidores como Deliveroo o UberEats, no se restringe a la alimentación. “Pide lo que quieras”, propone la aplicación.

En 2019, Pierre prevé 250 millones de euros ($279 millones) de ventas, un aumento de más del 200% respecto a 2018 que cerraron con una subida del 350%.

Desde 2015, Glovo ha recaudado 460 millones de euros ($513 millones) de inversores atraídos por este sector en crecimiento, alcanzando recientemente el estatus de unicornio, nombre dado a empresas nóveles con una valoración superior a mil millones de dólares.

“Da mucho vértigo, mucha presión, pero también disfrutándolo a tope porque sabemos que es bastante único lo que vivimos”, dice este joven, nacido en una familia de empresarios.

Espera que su expansión mundial empiece a darle beneficios “de aquí a 18 meses”, aunque su actividad ya sea rentable en España, Italia o Portugal.

Para crecer, la empresa busca mercados donde la competencia es menos feroz que en Europa occidental: América Latina, Kazajistán, Ucrania, Marruecos, Costa de Marfil...

Otro puntal de su estrategia: optimizar los plazos de entrega a través de unos algoritmos confeccionados por un centenar de ingenieros internacionales.

“Tenemos que escoger un modelo de inteligencia artificial capaz de estimar el tiempo de preparación de un pedido para que el repartidor llegue al lugar prácticamente en el momento en que está listo” dado que cualquier tiempo de espera supone una pérdida de dinero, señala Mustafa Sezgin, jefe de la división informática.

Las comidas representan tres cuartas partes de su facturación pero “nos gusta pensar que la comida es el inicio de algo mucho más grande” como en Amazon, que empezó con los libros, explica Pierre, admirador de Jeff Bezos.

Glovo posee siete “dark stores”, almacenes que albergan productos comestibles destinados para su entrega, previendo abrir 100 en dos años. ¿Objetivo? Garantizar su entrega en 15 minutos. También aspira a que su aplicación permita hacer reservas en restaurantes o cines u ofrecer servicios de limpieza y reparaciones a domicilio.

Condiciones laborales

Pero no son sus proyectos, sino sus repartidores quienes se llevaban el protagonismo de la prensa en España estos últimos meses con varias huelgas denunciando la presión laboral y las horas de trabajo insuficientes para tener un salario decente.

De ellos, 21 llevaron a Glovo a la justicia, acusándolo de tratarlos como “falsos autónomos”, sometiéndolos a las mismas condiciones que un empleado de plantilla pero sin cotizar por ellos.

El criterio judicial fue dispar: 11 dieron la razón a los repartidores y 10 a Glovo, según la empresa. Y la Seguridad Social española le reclama las cotizaciones impagadas de cientos de trabajadores.

Para Pierre, el problema no es saber “si los ‘glovers’ son trabajadores o free-lancers.”

“Es un nuevo paradigma” que requiere “una nueva regulación del sector“, dice, sugiriendo imponer coberturas sociales adicionales pagadas por la empresa.

Destaca la “flexibilidad” ofrecida a los repartidores: “un 60% trabajan a tiempo parcial.” ¿Pero querrían trabajar más? “Ese dato no lo tengo“, reconoce con sorpresa.

Para aumentar los ingresos de sus repartidores, Glovo quiere mejorar la aplicación para que puedan dar tres servicios por hora, en vez de los dos actuales. “Con tecnología, se puede hacer“, promete Pierre.


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