“Si no obtenemos más gas en el próximo invierno y se cortan las entregas procedentes de Rusia, entonces no tendremos la cantidad suficiente para calentar todas las casas y hacer funcionar todas las industrias”, advirtió el ministro ecologista.
El gobierno de la primera economía europea se está preparando para esta eventualidad “que esperemos se pueda evitar”, añadió Habeck.
El ministro viajaba ayer a Catar, uno de los tres mayores exportadores de gas natural licuado (GNL), el recurso con el que cuentan los países europeos para reducir su dependencia del gas ruso, antes de una visita de seguimiento a los Emiratos Árabes Unidos.
La cuestión es especialmente delicada para Alemania, donde la mitad de las importaciones de gas proceden de Rusia.
Esta semana, Habeck, también ministro de Clima, ya visitó Noruega, un importante productor de gas, después de un viaje a Estados Unidos a principios de mes.
Berlín es criticado por oponerse a un embargo inmediato sobre los hidrocarburos rusos con el fin de desecar los flujos financieros hacia Moscú tras la invasión de Ucrania. Pero para el gobierno, un boicot de este tipo desestabilizaría la economía y la sociedad alemana debido al aumento esperado del costo de la energía y el riesgo de escasez.
El conflicto
Rusia anunció ayer que recurrió a armas hipersónicas en la intensificación de su ofensiva contra Ucrania, donde miles de personas están atrapadas en ciudades asediadas y devastadas por los bombardeos.
El ministerio de Defensa ruso indicó que la víspera había usado por primera vez misiles hipersónicos “Kinjal”, para destruir un depósito subterráneo de armas en el oeste de Ucrania. Esos misiles, según Moscú, desafían todos los sistemas de defensa antiaérea.
Pero el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, cree que la guerra solo se resolverá con negociaciones y que esta es “la única oportunidad que tiene Rusia de minimizar el daño causado por sus propios errores”.
Su asesor Mijailo Podoliak, uno de los participantes en las negociaciones, instó a China a “apoyar a la coalición de países civilizados y condenar la barbarie rusa”.
Desde que se inició la invasión el 24 de febrero, las dos partes han celebrado varias rondas de discusiones, la cuarta y última el lunes pasado.
El jefe de la delegación rusa se refirió el viernes a un acercamiento de posiciones sobre la cuestión de un estatus neutral para Ucrania –similar al de Suecia y Austria– y a avances en la desmilitarización del país, aunque con “matices” sobre las “garantías de seguridad” requeridas por Ucrania.
Para algunos dirigentes, el fin del conflicto no normalizará la situación internacional de Rusia, objeto de duras sanciones occidentales por la “agresión” contra Ucrania, una exrepública soviética.
El primer ministro británico, Boris Johnson, consideró que sería un “error” volver a las relaciones normales con Moscú, incluso si cesa la invasión.
En el terreno, el ministerio de Defensa ruso informó de la destrucción de centros de radio e inteligencia ucranianos en las afueras de Odesa, en Velikodolinske y Veliki Dalnik.
Ucrania admitió que había perdido “temporalmente” el acceso al mar de Azov, si bien Rusia controla de facto toda la costa desde principios de marzo y mantienen el cerco a la estratégica ciudad portuaria de Mariúpol.
Según un asesor del ministerio del Interior ucraniano, Vadim Denisenko, la situación es “catastrófica” en esa metrópolis. “Se está luchando por Azovstal”, una gran fábrica de acero en las afueras de la ciudad. “Una de las acerías más grandes de Europa se está arruinando de facto“, lamentó.
Las autoridades ucranianas acusaron a la fuerza aérea rusa de bombardear “deliberadamente” el teatro de Mariúpol el miércoles, lo que Rusia ha negado. En un refugio antiaéreo bajo este edificio se encontraban “más de mil” personas, principalmente “mujeres, niños y ancianos“, según informó el ayuntamiento.
Zelenski dijo el viernes que se había rescatado de los escombros a más de 130 supervivientes y precisó que “continúan las operaciones”.

